Estrella Doble


Esta semana terminé de leer Estrella Doble, de Robert A. Heinlein.

La novela trata de la suplantación de un famoso político, que ha sufrido un secuestro, por un actor. El actor tiene tal éxito en su misión, que lo que inicialmente iba a ser sólo una "actuación" breve y coyuntural, poco a poco se va convirtiendo en un papel permanente. Hasta el punto que, en la novela, el actor reemplaza completamente a su personaje real, dirigiendo el gobierno interplanetario durante muchos años (*).

Una de las cosas que me gustan de la ciencia ficción es que permiten enunciar hipótesis muy reales sobre nuestro mundo actual, pero que no son rechazadas pues se ubican en un mundo lejano e imaginario.

Sabemos que esta hipótesis no es nada descabellada. Ronald Reagan y
Arnold Schwarzenegger han "dado el salto" con evidente éxito de la interpretación escénica a la interpretación política.

¿Raro?. No.

Deportistas, periodistas, actores, y en general todos aquellos que por su fama tienen gran presencia mediática, tienen mucho andado en política.

Así, hace poco se han anunciado las candidaturas al senado de famosos deportistas, ya en la recta final de su carrera: Abel Antón y Marta Domínguez. Su candidatura se anuncia con las siguientes palabras «Son un ejemplo de esfuerzo, sonrisa, superación y éxito».

Pero les ponen porque son famosos.

Yo la verdad me resisto a que me representen personas extraordinarias. Las personas extraordinarias no ven el mundo como lo vemos las personas normales. Las personas que han tenido éxito, viven generalmente en un mundo distinto al que vivimos los demás.

De todos modos, y volviendo a la cuestión principal, ¿sabemos si los políticos que nos gobiernan, y los que aspiran a gobernarnos, son verdaderamente personas que piensan y actúan por sí mismas, o quizás son meros actores, o peor aún, marionetas dirigidas por los verdaderos gobernantes en la sombra?.

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(*) Oigo algunas quejas. ¿Que porqué os cuento el argumento?. ¿Que os he reventado la novela?. Queridos lectores, esta novela se publicó en 1956, nada más y nada menos que el año en que nació el que suscribe. Anda que no habéis tenido tiempo de leerla hasta ahora. Por cierto, me encanta Heinlein. Junto con Asimov y Clarke, se les considera los mejores escritores de SCI-FI de todos los tiempos.

4 comentarios:

Novicia Dalila dijo...

Pues yo creo que precisamente personas como los deportistas, saben muy bien lo que es esforzarse para conseguir algo. Saben lo que es el sacrificio, el intentar superarse... A mí estos me parecen bien. Lo de los actores, por ejemplo, que aprovechan su fama y ponen su imagen al servicio de un partido, me repatea. Si dan el salto a la política, tengo dudas de si lo hacen porque realmente esa actividad les llama o no es más que un medio más para ser popular y estar en el candelero...
Respecto a los políticos, creo que es imprescindible que sean buenos actores para estar ahí. Cualquier "cosa" pública lo requiere.

Un beso, Rriver

Rrío dijo...

Sí, los políticos todos reciben clases sobre cómo "actuar" en público y me parece bien.

El problema es cuando no hay nada detrás, es "sólo" actuación.

Estoy de acuerdo contigo, casi prefiero a un deportista (o un taxista o un albañil, si me apuras) que a un político, al menos sabe lo que es ganarse el pan con el sudor de la frente.

Un beso, Novi.

Dr. Krapp dijo...

Yo creo que el problema no es lo que son si no en lo que se convierten al estar donde están. Siempre ha habido profesionales diversos que se han dedicado a la política pero el problema es que dejan de ser lo que eran par pasar a ser otra cosa y al final da igual que hayan sido actores, jueces, barrenderos o químicos y corredores de velocidad como Rubalcaba.

Rrío dijo...

Sí, Krapp, dicen que el poder corrompe. Y debe ser verdad.

Un efecto pernicioso de la democracia es que el que los elegidos se acaban autoconvenciendo de que por ese simple motivo son superiores a los demás. También son objeto de adulación, que es inherente al poder, y por último adoptan un comportamiento mesiánico del tipo "vamos a salvar el mundo" que los acaba de estropear.

Yo creo que en lugar de elecciones debería haber sorteo, una "lotería del gobierno" para que nos gobernase la gente normal. Casi seguro que cualquier taxista, florista o cerrajero tendrían más sentido común que los políticos profesionales.

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