Compañeros


Hace mucho, mucho tiempo, un grupo de chicos y chicas estudiaron juntos un Curso de Orientación Universitaria.

Muchos de ellos era el primer curso que estudiaban juntos, pues hasta entonces en ése colegio las clases eran sólo para chicos. Las chicas no tenían sitio, hasta ese revolucionario curso, el primero de lo que luego sería una generalización de las clases bisexuales, las llamadas convencionalmente "clases mixtas".

Y también para muchos de ellos ese curso sería también el último que pasarían juntos. La diáspora les llevaría a cada uno en una dirección. Ingenieros, licenciados, la universidad les esperaba, y luego una vida incierta.

Seguramente ni les importaba demasiado.

¿Nunca os habéis preguntado qué fué de vuestros compañeros de colegio?

Yo me lo pregunto a menudo.

Sé de algunos. En realidad, hay dos a los que todavía considero mis amigos. A uno de ellos le veo casi cada año, a pesar de que ya no vive en Madrid. Al otro, de pascuas a ramos, quedamos y nos contamos nuestra vida. Consuela un poco ver cómo le ha tratado la vida al otro. Te sientes menos sólo.

¿Y los demás?

De alguno de ellos tengo su correo electrónico, nos hemos mandado algún correo, pero nunca nos hemos llegado a ver. De otros es una perfecta incógnita. Suelo buscar a veces en la red por su nombre. Si el nombre no es muy común, y ha hecho alguna oposición o tiene algún cargo notorio, sale algo.

Así sé que el que era mi amigo de la infancia, estudió farmacia y publicó un sesudo estudio sobre La cromatografía líquida. De otro sé que empezó a trabajar en el Metro de Madrid y llegó a Director. Otro se convirtió en Maestro de Aikido.

De las chicas no se nada de nada. Nada de Rosa, nada de Raquel, de Rita, de Victoria...

Seguro que habrá habido de todo.

Y a vosotros, ¿no os gustaría saber qué fué de aquella clase del colegio?

Smoking


Dicen los sicólogos que, en términos perceptivos, la palabra "no" no existe. Es decir, que cuando decimos "no fumar" nuestro cerebro inmediatamente se imagina el humo saliendo del cigarrillo del tabaco.

El efecto de las prohibiciones, es pues recordarnos precisamente aquello que nos prohiben.

Hoy he oído en la radio una mujer que decía que antes era muy respetuosa con los no fumadores, pero que ahora que le prohíben fumar en cualquier sitio menos en la calle, se regodea en ello, e incluso le echa el humo en la cara a la gente con la que se cruza mientras camina por la acera.

Lo que sí es cierto es que han condenado a los "apestados" fumadores a exhibir sus verguenzas en la vía pública. Los que antes se escondían en los bares, en los que entraban con la excusa de tomar un café, ahora tienen que fumárselo a la vista de todos. Paradójicamente, se está forzando una exhibición del vicio, que muchos calificarían de pornográfica e indecente, forzados por la nueva ley antitabaco.

Yo la verdad es que, de tanto oír hablar del tabaco, me están entrando muchas ganas de fumar.

Dejé de fumar cigarrillos justo un día antes de los atentados de las torres gemelas, es decir hace ahora nueve años. Lo hice para no tener que aguantar más a mis hijos que habían desencadenado una campaña en toda regla, poniendo carteles por toda la casa y recordandome continuamente lo malo que es el tabaco.

Desde entonces no he vuelto a fumar.... cigarrillos.

Fumo puros, de vez en cuando, de los que siempre tengo una caja en casa. No a diario, pero si me apetece un día le doy unas caladas (nunca más de dos o tres, luego me mareo mucho y lo apago).

Llega un momento en que a uno le empieza a tocar las narices tanta prohibición, tanto meterse en la vida de cada uno "por su propio bien". Ya hace tiempo que me parece que esta sociedad se está convirtiendo en algo bastante insufrible.

Hace unos 20 años estuve un verano en California visitando a unos amigos. Allí ya se había puesto de moda toda esta mandanga de lo saludable, que no es solo no fumar, también es no consumir grasas, hacer deporte, etc. En definitiva, que te entraba un sentimiento de culpabilidad tremendo si no te dedicabas en cuerpo y alma a cuidar tu salud.

Pero ya ves, tarde o temprano la acabas palmando. Decía Gruocho Marx que la principal causa de los divorcios son los matrimonios. Una verdad lapidaria, ¿no?. Pero yo abundo: la principal causa de la muerte son los nacimientos, ¿no?. O sea que cuando naces ya estás condenado a morirte. Así que toda esa mandanga de culpabilizarte por no hacer o dejar de hacer esto o aquello me parece cargante a más no poder.

Bueno volviendo al asunto del tabaco, lo peor de todo es que la ley "anima" a presentar denuncias anónimas si ves a alguien fumando "indebidamente", lo cual ya me parece el colmo.

La hipocresía llega hasta el punto de que sin embargo el estado sigue permitiendo la venta de tabaco, cuando si es verdad que es tan malo, deberían prohibirlo y tema zanjado. ¿Como? ¿que entonces no ingresarían los 90% de impuestos que cobran por cada cajetilla de tabaco?. Mecachis!!!. Si es que nunca llueve a gusto de todos.

Deberían permitir el libre consumo de tabaco, porque socialmente es muy beneficioso: lo fumadores la palman en promedio unos 20 años antes que el resto, de modo que pa cuando van a cobrar la jubilación se mueren, y de este modo habríamos resuelto de un plumazo el nudo gordiano de las pensiones: gracias a las pensiones no cobradas de los fumadores, los demas podremos cobrar las nuestras.

Si comulgamos con estas piedras de molino, ¿quien va a impedir que mañana prohíban por ejemplo el mal olor corporal, multando a aquellos que ofendan a las narices de otros en el metro o en el autobús?. O quizás se prohíba el consumo de tocino, chorizo y derivados, los cuales rebosan de colesterol "del malo", por motivos evidentes de salud pública. O a lo mejor tendríamos la obligación de hacer "jogging" al menos 10 kilómetros a la semana, para mantenernos en forma (mi médico me recomienda 20 minutos de esfuerzo, a 180 pulsaciones menos la edad, o sea en mi caso a 130).

No se vosotros, pero yo esta noche le voy a dar unas caladas a mi puro... sí, ese que empecé ayer y le dí dos caladas... a vuestra salud.

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