LIV


Me costó bastante levantarles, desde luego. Siempre me digo: déjales que duerman un poco más. Y ya con mas de media hora de retraso les llamo. Entre las sábanas surge la protesta - "¡Pero si es sábado!". "Vamos, ya tendríamos que estar en camino".

Además la mañana no ayudaba demasiado. Lluvia y frío. Nieve en la sierra. Hasta el último momento dudando. "¿Vamos, o no?". Así que finalmente me compro la tarta y nos liamos la manta a la cabeza. "Vamos".

Tras las reiteradas ceremonias de tira y afloja finalmente conseguimos salir, pasamos a por Claudia, quien, a pesar de sus muletas no se lo quiere perder (por supuesto!) y salimos rumbo al norte, con cuidadín, que se dice.

La ruta se hace sin embargo bastante fácil. Cerca del túnel, nieva copiosamente, pero el tráfico no se para. Atravesando el agujero en la montaña nos preguntamos cómo serán las cosas al otro lado. Al otro lado las cosas son, sorprendentemente, mejores.

Según avanzamos la nieve cesa de caer, el cielo se abre y el sol comienza a romper entre las nubes. Rápidamente dejamos atrás la Catedral y el Alcázar, y poco después llegamos al pueblo.

"Seguro que hemos llegado los primeros, como siempre". No, esta vez hemos conseguido que los retrasos acumulados de los hermanos coincidan milagrosamente y aterrizamos todos al unísono.

Tras los saludos y parabienes nos dirigimos por la carretera al ferial. No sé porqué pero me parece que este año los tractores son más grandes. Gigantes, diría yo. Además hay unas máquinas monstruosas. Podrían servir para cualquier cosa: un rebaño entero de ovejas podría ser absorbido por uno de esos pantagrueles sin dejar rastro.

Los pabellones sin embargo me decepcionan. Igual o peor que el año pasado. Las mismas tiendas, pero menos bullicio. Compro un par de bobadas, por inercia . Saludo apenas a un par de viejos conocidos. Sí, decididamente, este año hay menos gente.

Para comer vamos a un nuevo sitio, en el pueblo de al lado: el de todos los años ya no sirve comidas, por la crisis. De todos modos el nuevo sitio no está mal, pero tiene menos encanto, menos sabor a pueblo.

El cordero lo hacen caldoso, casi cocido. Al estilo de la comarca. Digo yo que el año pasado estaba mejor.

Pudiera parecer que todo empeora, pero no: mi tío, que el año pasado estaba chungo de verdad, este año ha mejorado a ojos vistas. Buena noticia, y se lo digo. Él también coincide.

También mi cuñado, que ha vuelto de NY con una cojo-cámara que exhibe y reparte flashes a diestro y siniestro, está encantado. Obviamente a él no le afecta la crisis, al menos no tanto como a los demás.

Y yo pues además de los retoños he ido con Claudia lo cual en este momento colma mis deseos. Así que bien mirado, el restaurante no ha estado mal, el día ha sido mejor de lo esperado, y el cordero después de todo nos lo hemos comido hasta hartarnos.

Ah y hemos pasado los cincuenta y cuatro. Lo cual es todo un record personal. A ver si el año que viene lo supero.

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