Demasiado invierno


Hoy los he vuelto a contar. Uno, dos, tres,... siete. Quedan siete. Cuando nacieron hace diez días eran diez por lo menos. Bueno, no está mal. La natalidad infantil en un acuario primerizo no es demasiado mala. Lástima que se muriese la madre, la pobre. Quizás se debilitó o quizás fue el blanco idiota ese que la perseguía todo el día. En fin, por la boca muere el pez, dicen, o por el gonopodio, digo yo.

Todos los días me acerco a verlos, y rápidamente acuden al verme y se pegan al cristal. Nos miramos mutuamente. Es curioso que no tengan miedo del monstruo que debo parecerles. Claro que su amor es interesado: saben que poco después les echaré el pienso ese que huele como a pienso. Salen todos disparados hacia la comida como locos. Los neones, los cinco que quedaron después de comprar dos manadas de veinte, se lanzan a por las escamas, al igual que los mollis. Las gambas tiran para arriba a ver si pillan cacho. No tenía ni idea de lo rápido que pueden nadar con esas patillas diminutas, aunque se cansan enseguida. Hasta la locha se da un garbeo de vez en cuando. La locha, por si no lo sabéis, es como una anguililla que está siempre escondida y de repente sale como un cohete y se va de esquina a esquina en un santiamén.

La fauna la completan los caracoles. Resulta que cuando monté el acuario, el primer mes, puse sólo plantas. A los pocos días nos dimos cuenta que había algo más que plantas: un solitario caracol se paseaba por los cristales. Casi seguro que vino de pasajero en una de las plantas. Bueno pues nada. Le dejamos. Pero un par de meses después aparecieron una multitud de microscópicos caracolillos. Una plaga, la verdad. Imposible de erradicar. ¿Sabíais que los caracoles son hemafroditas?. Yo no. he intentado todo, hasta poner trampas para caracoles, con la mala fortuna que se meten los peces, pero no los caracoles. Ahora me conformo con mantenerles a raya.

En realidad son felices allí, no se enteran del frío que hace fuera. En realidad parece que nadie se entera. Los políticos siguen tirándose de los pelos, como verduleras. Tampoco se enteran de qué va la crisis. Esa crisis "económica". Ya no dicen "inmobiliaria", porque han visto que las casas no se caían. En todo caso la debían haber llamado "hipotecaria". Ahora es "económica" porque bajan los ingresos de la AEAT. Les imagino cara de ratones, los ratones esos que se preguntan "quién se ha llevado mi queso?????". Imprimir más papel parece que lo han descartado, porque ya nadie lo compra. Pronto volveremos al mundo del intercambio: dame dos gallinas y a cambio te corto el pelo y te hago un masaje. La pirámide se desmoronó y ahora todo el mundo prefiere quedarse en el suelo; las pirámides son peligrosas.

Así que, con paraguas o al raso, pasaremos frío, acabaremos empapados, mientras dure el invierno, ese invierno crudo, largo, peñazo él. Falaces agoreros pronostican su final hace mucho, sin acertar nunca. El invierno sigue. Todo el mundo aplica la máxima "siéntate a esperar que pase el cadáver de tu enemigo". Pero con este frío, quedarse sentado va a ser que te cojas una pulmonía que sea tu cadáver el que vea pasar el cadáver. Juajuajua: la fiesta de halloween en real.

Hoy me han mandado un chiste que me ha hecho reír: podría ser Caballero, pero fue Claudia, por lo que tiene doble mérito:
'Tuve mala suerte con mis dos esposas. La primera me dejó, la segunda no.'

Dicen que lo escribió Patrick Murray. Buen chiste para un invierno desolador. Ah, pero, ¿que no era un chiste?.

Los de Correos


Había un hombre que trabajaba en la oficina de correos, procesando las cartas que traían la dirección ilegible.

Un día llegó a sus manos una carta con escritura temblorosa y que iba dirigida a Dios, pero no tenia dirección alguna. Como esa carta no iba a ir a ningún lado, decidió abrirla para ver de qué se trataba.
Querido Dios: Soy una viuda de 84 años que vive de una pequeña pensión. Ayer alguien me robó el monedero, que tenía 600 euros. Era lo que me quedaba para el mes, y ahora voy a tener que esperar hasta el mes que viene. No sé qué hacer.

El próximo domingo es Navidad y había invitado a dos amigas mías a cenar, pero sin dinero, no tendré qué ofrecerles; no tengo ni comida para mí. No tengo familia y eres todo lo que tengo, mi única esperanza. ¿Me podrías ayudar? ¡Por Favor!

Sinceramente, María. '
Fue tal el impacto que la carta causó al empleado postal, que éste decidió mostrarla a sus compañeros de trabajo. Todos quedaron sorprendidos, y comenzaron a buscar en sus bolsos y carteras. Al final de la tarde habían hecho una colecta de 520 euros. Los guardaron en un sobre y lo mandaron a la dirección de María.

Esa tarde, todos los empleados que cooperaron sintieron una gran satisfacción que tal vez no experimentaban desde hacía mucho tiempo, al saber lo que habían hecho por María y sus amigas.

Llegó la Navidad y se fue.

Algunos días después de la Navidad, llegó a la oficina de correos otra carta de María. La reconocieron inmediatamente por la escritura y porque iba dirigida a Dios. La abrieron y todos con curiosidad leyeron lo que decía:

Querido Dios: Con lágrimas en mis ojos y con todo el agradecimiento de mi corazón te escribo estas líneas para decirte que hemos pasado, mis amigas y yo, una de las mejores Navidades de la vida. Y todo por tu maravilloso regalo. Debes saber que siempre hemos sido fieles a tu mandato y hemos guardado todos tus mandamientos, tal vez esa sea la razón de tu benevolencia con nosotras.¡Gracias, Dios! Por cierto, faltaban 80 euros. Seguro que se los han quedado esos hijos de puta de Correos...
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