El camellero

El muchacho acabó trabando amistad con el camellero que viajaba siempre a su lado. De noche, cuando hacían alto alrededor de las fogatas, solía contar al camellero sus aventuras como pastor.

En una de sus conversaciones, el camellero empezó a hablar de su vida.

Yo vivia en un lugar cerca de El Cairo -contaba-. Tenía un huerto, unos hijos, y una vida que no cambiaría hasta el día de mi muerte. Un año en que la cosecha fué mejor, emprendimos todos el viaje a La Meca, y yo cumplí la única obligación que me faltaba en la vida. Podía morir en paz y estaba contento.

Cierto día la tierra empezó a temblar y el Nilo subió más allá de sus límites. Aquello que yo pensaba que sólo sucedía a los otros terminó sucediéndome a mí. Mis vecinos tuvieron miedo de perder sus olivares con la inundación, mi mujer temió que nuestros hijos fuesen arrastrados por las aguas. Y yo sentí pavor de ver destruido todo lo que había conquistado.

Pero no hubo nada que hacer. La tierra quedó inútil, y tuve que buscar otro medio de vida. Hoy soy camellero. Pero entonces comprendí la palabra de Alá: nadie debe sentir miedo de lo desconocido, porque cualquier persona es capaz de conquistar todo lo que quiere y necesita.

Sólo sentimos miedo de perder aquello que tenemos, ya sea nuestras vidas o nuestros cultivos. Pero ese miedo desaparece cuando comprendemos que nuestra historia y la historia del mundo fueron escritas por la misma Mano.
El Alquimista
Paulo Coelho



9 comentarios:

Novicia Dalila dijo...

Leí este libro hace años y me marcó mucho. Aprendí lecciones básicas sobre la vida o más bien sobre mi paso por este mundo.
Aprendí un poco a despojarme de lo superfluo y quedarme con lo realmente vital y necesario. A todos los niveles.

Un beso, Rriver

Rrío dijo...

Welcome Back, Novi.

No dices nada sobre la historia. A mi me impactó la frase "Aquello que yo pensaba que sólo sucedía a los otros terminó sucediéndome a mí".

Hace poco leí un poema de Bertold Bretch que dice:

Cuando los nazis vinieron por los comunistas / me quedé callado; / yo no era comunista. / Cuando encerraron a los socialdemócratas / permanecí en silencio; / yo no era socialdemócrata. / Cuando llegaron por los sindicalistas / no dije nada; / yo no era sindicalista. / Cuando vinieron por los judíos / No pronuncié palabra; / yo no era judío. / Cuando vinieron por mí / no quedaba nadie para decir algo.

Empiezo a estar bastante decepcionado de algunos aspectos de la sociedad actual, sobre todo del egoísmo y la hipocresía y del "to pa mi" que se trasluce en las combinaciones política/medios de comunicación/publicidad. Aunque quizás es harina de otro costal, conviene recordar que mirar para otro lado y hacer como que uno no se entera frente a las injusticias ajenas no es buena cosa.

Tú sabes a qué me refiero.

Kss.

Dr.Krapp dijo...

Es cierto lo último que dices Rrío pero también es cierto que no todo lo que nos dicen que es importante es importante. La vida no es nada fuera de la perspectiva individual y justamente desde esa perspectiva individual llegamos a comprender que todo lo que nos rodea nos afecta al ser parte de nuestra propia vida.
A mi lo que me gusta de ese cuento, leí el libro en su momento, es el hecho de que nunca hay dar nada por acabado que muchas veces por las buenas o por las malas hay que empezar de cero y empezar siempre es un privilegio.

Rrío dijo...

Sabroso comentario Krapp.

Tú también hilas fino. Me gustan especialmente dos frases:

"No todo lo que nos dicen que es importante es importante"

"Empezar siempre es un privilegio"

Tiés más razón que un santo.

Novicia Dalila dijo...

Rriver, los comentarios de Krapps siempre son sabrosos :D

A mí si me dan miedo los cambios, Rriver. Ya lo hemos comentado aquí en tu casa en alguna ocasión. Me acojona perder lo que tengo... No sé de qué mano es obra todo lo que tengo (aunque sea prestado mientras dura mi paso por aquí), pero me da muchísimo miedo la enfermedad, la muerte, la inseguridad....
Yo podría perfectamente hacer de camellera si hiciera falta, incluso de camella, pero no me siento capaz de tomar esa decisión. Tendría que venir alguien a decirme: "Tú camellera".
Soy muy insegura para esas cosas.
Y eso en lo material, si nos centramos en lo sentimental o espiritual (por ponerle un nombre) ya sí que estoy perdida...
Soy una persona muy insegura y se nota en mis actos....

El poema de Bretch que dices lo leí hace tiempo en algún sitio y me hizo pensar. Aunque mi naturaleza siempre me ha llevado a solidarizarme con las injusticias o las desigualdades, a raíz de leerlo fui consciente de la necesidad de moverse por los demás, aunque sea egoístamente pensando en tu propio bien....

Fin.

Un beso

Iris dijo...

Al leer tu post lo primero que vino a mi mente también fue el poema "Cuando los nazis vinieron por los comunistas", que por cierto es de Martin Niemöller y no de Bertolt Brecht, al que erróneamente se le suele atribuír.

Lo segundo fue que a Paulo Coelho le cogí manía después de leer "El demonio y la señorita Prym" que no me gustó, así que no volví a leer nada de él, además tampoco me gusta su pose de cura intelectual por llamarlo de alguna manera. Así las cosas el texto que nos traes es totalmente nuevo para mis ojos.

Luego de la larga introducción (totalmente innecesaria ahora que la leo) creo que volver a empezar y encima cambiar radicalmente de vida, no es ningún "privilegio". Te cuento que a mí me ha pasado varias veces y discrepo de Krapp en el sentido que sea un privilegio. En mi caso no todos han sido cambios impuestos como el que plantea Coelho, si no por voluntad propia, pero así y todo, ten por seguro que ha sido difícil, muy difícil, de privilegio nada de nada.
Mejor lo dejo aquí que me lío.

Un beso multicolor

Rrío dijo...

El cambio, ¿es bueno?.

Si por ejemplo estoy sentado en una silla y se rompe, es un cambio, pero doloroso.

Sin embargo la ausencia de cambio es lo más parecido a la muerte. Así que, mientras queramos seguir vivos, hemos de aceptar el cambio como parte intrinseca de la vida.

Novicia, piensa lo siguiente: la única manera de tener algo nuevo es deshacerte de lo que ya tienes. Por ejemplo, puedes cambiar los muebles de la cocina y parecerá que tienes otra cocina.

Así que perder lo que uno tiene no es tan malo si hay ilusión por reemplazarlo por otras cosas.

Es natural querer conservar lo que se tiene, pero también es sano ir de vez en cuando a la peluquería.

Además cuanto más te cortas el pelo, más crece.

Y esto se aplica tanto a lo material como a lo espiritual.

Rrío dijo...

Joer ya empiezo a pontificar.

Bueno sigo.

Iris, es cierto que cuando la decisión del cambio es tuya y no sale como esperabas, te duele el doble. Pero se aprende más de los partidos que se pierden que de los que se ganan. O eso dicen.

El mundo es ancho. Hay mucho camino por recorrer.

En los últimos años mi vida, la personal y la profesional, ha sufrido muchos cambios. Desde luego, en todos ellos, ha habido dolor pero también placer. He perdido a unas personas pero he encontrado a otras, algunas de ellas maravillosas.

He pasado miedo, pero no me ha paralizado y he actuado como creía que debía hacerlo en cada momento. Hasta ahora no me puedo quejar: he tenido suerte. O quizás la suerte ha llegado precisamente porque la he buscado.

Ya sabéis, la suerte de verdad, no el azar.

Otra lectura interesante: La buena suerte. A ver si escribo un artículo sobre ella.

Iris dijo...

Rrío ya estás como Pacho Maturana??? Que su lema era "Perder es Ganar" y poror eso perdió todos los partidos en los mundiales que participó jajajajajaja Es broma.

Totalmente de acuerdo contigo, cada quien cuenta el paseo como le haya ido y si en tu caso el cambio ha sido bueno pues me alegro mucho, a mí no me ha ido mal del todo, pero... No sé, mejor espero a ver que pasa luego del reciente.

Un beso multicolor y feliz fin de semana

Suscribete a Before the dark