Cuentos del más acá (i)


En el desierto, junto a un oasis, dos jirafas, una grande y otra pequeña, discuten acaloradamente:

La grande: "¡Te he dicho que hoy no sales! Eres mi hija y tengo una responsabilidad sobre tí. Si no me dices con quién vas, dónde vas a estar y a qué hora vuelves, ¡de aquí no te mueves!"
La pequeña: "¡Haré lo que quiera!. Ya tengo edad suficiente. Además, tú no puedes prohibirme nada; al fin y al cabo, ¡no eres mi madre!!!"

¿Cuál tiene razón?

El mercado de las maravillas


Esta mañana, como vengo haciendo últimamente desde hace un tiempo, he acudido al mercado de mi barrio. La verdad, es una experiencia refrescante y encantadora. A la vuelta, venía reflexionando sobre la enorme diferencia que hay entre la "experiencia de usuario" en éstos mercados y en los nuevos super e hipermercados modernos.

Para empezar, aquí hay muchos pequeños puestos, especializados cada uno en un tipo de alimento diferente. Además, los que atienden el puesto son siempre los mismos. Eso quiere decir que saben mucho sobre los productos que tienen, y además que conocen a sus clientes habituales, sus gustos y también sus puntos fuertes y débiles, relacionados por supuesto con el material que venden.

En cambio, en los hipermercados, la mayor parte de las cosas se compran a granel, en las estanterías, en esos paquetes de agrupación que comentábamos en un reciente artículo de Dalila. Los dependientes escasamente saben algo de los productos que venden; como mucho, saben dónde están y punto.

Por si no os habias fijado, en el primer caso pides lo que quieres al dependiente, quien te lo prepara y te lo entrega. En el segundo, tienes que buscarlo, lo cual, además de un mayor esfuerzo, es una pérdida de tiempo, lo que hace que a la postre se compra más rápido en un mercado tradicional.

Otra cuestión importante es la de "la pela". Puede parecer que el mercado tradicional es mas caro, pero es justamente todo lo contrario. Además de que los precios unitarios suelen ser más bajos, la calidad es normalmente superior, por la cuenta que les trae, ya que el puesto de al lado puede tener el mismo producto más barato, o un producto mejor al mismo precio.

Pero es que además se compra exactamente la cantidad que se quiere, sea poca o mucha. Y en cambio en las entanterías de los hiper estamos obligados a comprar el paquete de cuatro filetes. A muchos les sobrará alguno y a otros les faltará, con lo que tienen que comprar dos paquetes, y entonces les sobra. Consecuencia: se compra siempre más de lo que se necesita, es decir, se acaba pagando más dinero para el mismo objetivo de compra.

Otra cosa que me encanta de mi mercado de barrio es que se acabaron las colas para pagar, la búsqueda ansiosa de la caja que tiene menos gente, y el cabreo que me cojo cuando me toca el operario inutil o los productos que no tienen precio y paralizan la cola hasta que van a buscarlo y lo encuentran.

Y ya para terminar, es una delicia para los ojos pasear y ver el género, todo bien expuesto para que lo veas y aprecies a simple vista. Al contrario que los hiper, donde uno siempre acaba teniendo la sensación de que colocan las cosas deliberadamente escondidas para que tengas que buscarlas y entre busqueda y búsqueda te acabas llevando siempre otra cosa que te encuentras "por el camino" pero que no habías ido a buscar.

Será por todo eso que me acaba pareciendo que la gente que va al mercado tiene más cara de relajación. Van más tranquilos. son más felices.

Es un verdadero placer ir a comprar al Mercado de las Maravillas.

Excepción o estadística

Hace ya tiempo que tengo la sensación, cada vez que enciendo la tele o cojo un periódico, que el mundo que describen no es el mío. Que en lo que cuentan no estoy yo. Que hablan siempre de otros. Poco a poco he ido dilucidando la cuestión, y al fín, concluyo que el mundo mediático es falso porque todo lo que transmiten cae en una de dos mentiras: la excepción o la estadística.

En las primeras caen esas noticias de portada que conocemos como de "nombres propios". Por ejemplo, en un conocido medio, entresaco las siguientes aparecidas hoy:

Entre las segundas, las noticias políticas, económicas, las de tráfico, el tiempo, y similares:

¿Porqué las primeras son falsas?. Porque las excepciones representan los casos anormales, excepcionales, lo que se sale mucho de la media. Estas excepciones se encuentran en los extremos del conocido modelo llamado Campana de Gauss.

Cuando un Director de Edición de un periódico o noticiario elige diez o veinte noticias de impacto, necesariamente las va a elegir muy alejadas de los comportamientos habituales de la gente de la calle, o si no nadie las miraría. Así, todas esas noticias de desapariciones, asesinatos, juicios y terroristas varios pueden crear la sensación en el espectador que el mundo está poco menos que a punto de desintegrarse.

Por otra parte, todos los demás mortales podemos sentirnos reflejados en el resto de noticias “estadísticas”, como las que hablan del paro, de los atascos de tráfico, de la subida del IPC o de la probabilidad de lluvia en Toledo.

Aunque ya lo dijo Disraeli, “Hay tres tipos de mentiras: mentirijillas, grandes mentiras, y estadísticas”. Si quereis reíros un rato, he encontrado una página que documenta exahustivamente todas las posibles chorradas que se dicen en nombre de la estadística en http://platea.pntic.mec.es/~jescuder/estadist.htm. De ella entresaco unas pocas afirmaciones sobre la media:

LA TEMPERATURA. Antonio, ¿qué temperatura consideras la ideal para ver la televisión? - Una media de 20 - Pues, mete un pie en la estufa a 60 y el otro en el frigorífico a -20 .

MEDIO POLLO DIARIO. Una madre, quería que en los 5 días que iba a estar fuera de casa, cada uno de sus dos hijos se comiera una media de un pollo diario; por eso les dejó en la nevera 5 pollos. A su vuelta vio cumplidos sus deseos: El hijo mayor se había comido los 5 pollos y el menor ninguno.

PERSONA TÍPICA. Una persona típica tiene una teta y medio pene.

EL SUELDO: Un político promete que si sale elegido subirá los sueldos, de forma que nadie cobre por debajo de la media nacional.

SUPERDOTADOS: La inmensa mayoría de las personas tiene un número de piernas superior al promedio.

Mediante un adecuado esfuerzo de búsqueda y análisis, todos, políticos y periodistas, acaban encontrando siempre una estadística que demuestre cualquier peregrina idea que se les pase por la cabeza. Y si no lo encuentran, lo fabrican, sencillamente saltándose a la torera las reglas de fiabilidad, que la estadística, como cualquier ciencia, posee.

El desmadre de cifras estadísticas y las correlaciones indemostradas entre causa y efecto tiene su máximo en algunos campos como por ejemplo los accidentes de tráfico. En la página de Autocity “Consejos para evitar accidentes de tráfico” se nos abruma con una avalancha de cifras amenazadoras que, si echamos cuentas, resulta materialmente imposible que no hayamos muerto ya de un accidente de tráfico. Por otro lado, si hacemos el ejercicio contrario, respetando siempre todas las normas y recomendaciones, resultará que no es sólo que no habrá muertos, sino que habrá mucha más gente viva al cabo del día que saldrá de los coches que la que entró en ellos. Entresaco algunas frases hilarantes:

“Un estudio del LAB ha demostrado que el 74 por ciento de los accidentes mortales han tenido como causa la incapacidad del binomio conductor/vehículo para seguir correctamente las infraestructuras.

Los binomios, ay los binomios, esos grandes enemigos de la humanidad…

“Un 70 por ciento de los conductores no explotan correctamente el potencial de frenado de su vehículo.”

Eso va a ser, que cuando vamos a pisar el freno, no sé porqué, el pié va y se desvía hacia el acelerador.

“La hipovigilancia es la primera causa de mortalidad en autovías y autopistas.”

Y los hipopótamos en los pantanos. ¡No te jo…!

“el 75 por ciento de los conductores mientras atienden el teléfono se olvidan de ceder el paso a peatones ante pasos de cebra”

Nueva norma de tráfico: antes de cruzar por un paso de cebra, mire si viene un coche cuyo conductor está hablando por teléfono. Luego ya si decide cruzar, aténgase a las consecuencias…

La eficacia del cinturón de seguridad es más grande a pequeña velocidad (menos de 50 km/h) que a partir de 130 km/h. La mayoría de los accidentes graves se producen a velocidades comprendidas entre 50 y 80 km/h.”

Que es justo a la velocidad a la que el cinturón no se sabe qué eficacia tiene.

A partir de 45 años, se reduce la visión para conducir con total seguridad. Esto se traduce en la aparición de la presbicia, pérdida de rapidez en la facultad para realizar la operación de enfoque cerca-lejos y viceversa, descenso de la agudeza visual sobre todo por la noche (a los 60 años necesitamos cuatro veces más luz que a los 20 años para ver bien). Los movimientos oculares pierden su agilidad, las zonas periféricas del campo visual se deterioran y sobre todo nos convertimos en más sensibles al deslumbramiento.… A los 65 años, el 30 por ciento de las personas presenta problemas de audición. También en la tercera edad se ralentizan los reflejos, el tiempo de reacción aumenta, se ve más tarde el peligro y la respuesta tarda más en producirse, además de enturbiarse la capacidad de toma de decisiones.”

Diosssss, lo dura que es la decrepitud de la carne… presbicia, luego ceguera, sordera, luego parálisis… y por fin…

Al final, estremece pensar cuantas de las decisiones que nos afectan a todos, van a justificarse apoyados en una de estas dos mentiras: excepciones o estadísticas.

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