La sufrida clase media


Cuando era pequeño, sacaba muy buenas notas en clase. Nos decian que, si sacabamos buenas notas, nos darian una beca al año siguiente. Sin embargo, nunca nos la daban. Al parecer eramos demasiado "ricos" y las becas eran sólo para los "pobres".

Aunque yo, la verdad, no veia la riqueza por ningún sitio. Mi padre trabajaba de lunes a sábado, incluídos. En invierno y en verano. En verano, como mucho, teníamos dos semanas de vacaciones en la playa; algunos años ni eso.

Los regalos de fin de curso, por buenas que fuesen las notas, siempre tenian una finalidad educativa. Nada de bicis ("las bicis y las motos son muy peligrosas") o de balones de futbol ("el fútbol sólo sirve para romperse una pierna").

Recuerdo que un año me aficioné al rugby. Ese juego que se jugaba con un balón apepinado. El dichoso balón costaba 600 pesetas. Pero en lugar de regalarmelo, mi padre prefirió que me lo ganase con el sudor de mi frente. Para ello me llevó al taller y me puso a fabricar pantallas. Se trataba de un trabajo "a destajo". Creo que me pagaba unos diez o veinte céntimos por cada pantalla que hacía. Estuve todas mis vacaciones de verano haciendo pantallitas, con una máquina de puntos, soldando tres hierros que eran como los radios de una circunferencia, a un aro grande de metal y a una arandela donde luego se ponia la lámpara de la pantalla.

Bueno el caso es que hice miles de aquellas pantallas (o a mí me lo pareció) y al final del verano conseguí mi balón apepinado. Además llegué a hacerme dos propósitos fundamentales en mi vida:

  1. Mientras pudiese, dedicaría mis veranos a disfutar de las vacaciones y no a currar como un negro (y que me perdonen los negros, de los que había varios en el taller).

  2. Cogí tal manía al taller ese donde estaba todo el verano trabajando mientras mis amigos se divertían, que haría lo posible por no acabar allí pillado. Estudiaría una carrera y labraría mi futuro lejos de aquel montón de hierros retorcidos.

En fin, me encaminaba directamente, sin yo saberlo, a lo que ya se perfilaba como la sufrida clase media.

Esta es la clase ocupada de "levantar el país". Porque los ricos, lo que es levantar, se levantan como pronto a las doce. Y los pobres, los pobres no levantan nada, ni falta que hace. Con pedir ya les basta.

Hace poco vi un programa en la tele sobre la India, en el que contaban que a nuchos niños, al poco de nacer, les cortaban una pierna o una mano o les destrozaban la columna vertebral o les lisiaban de alguna manera. De este modo, cuando fuesen mayores, ya podrían dedicarse a lo que es una verdadera profesión: pobres de pedir. Seguramente les resulta más fácil sobrevivir así que trabajando.

Aquí no llegamos a tales extremos, pero la pobreza, suficientemente documentada (o no) es motivo suficiente para acceder a numerosas ventajas y ayudas de todo tipo. La implantación de la democracia parace haber modificado la premisa "un hombre, un voto" por otra más mercantilista "un pobre, un voto". Pareciera que los políticos padecen ese sentimiento de culpabilidad de vivir opulentamente mientras otros pasan hambre, y se dedican a dar abundantes limosnas, por la vía institucional, a los pobres.

Por no mencionar el hecho de que, cuantas menos cosas tiene una persona, menos preocupaciones tiene, y por consiguiente es más feliz.

Esto cuando son pobres reales. Porque luego hay otros que no son pobres, pero lo parecen (al menos a los ojos de Hacienda). Todos esos que hacen trabajos "bajo cuerda", que cobran "en negro", o llegan a acuerdos de "despidos temporales", cobran el paro, y vuelven al tajo tras un merecido descanso.

En fin que muchas veces tengo la sensación de que parte de mi sueldo queda reservado para mantener en buena forma a los pobres de éste país y que puedan conservar la salud suficiente para votar en las próximas elecciones.

Sobre los ricos, es otra historia. En una película oí una frase que le decía la suegra del protagonista al protagonista: "Si debes mil dólares al banco y no puedes pagarlos, tienes un problema. Pero si debes un millón de dólares al banco y no puedes pagarlos, es el banco el que tiene el problema."

Lo cierto es que esta sociedad está montada de forma que el que es rico tiene muchas oportunidades de seguir siéndolo sin dar palo al agua. Me ha hecho "mucha gracia" ver cómo, para salir de la crisis, los gobiernos no han dudado ni un momento en dar dinero a espuertas a los mismos que la habían provocado: los bancos. Eso quiere decir que los ricos mantienen intacto su dinero, y además se les ve con buenos ojos pues "son grandes consumidores" y "tiran de la economía".

Además, como es gente con mucho glamour, fácilmente dan el tipo en los medios de comunicación, cuando no les montan espectaculares eventos llenos de muchedumbres enfervorizadas o incluso funerales mastodónticos de los que quien más, quien menos, acaba sacando un jugoso pellizco (incluso después de muerto, como El Cid Campeador).

Así que, si los pobres no van a pagar la crisis, porque no tienen blanca, y los ricos no van a pagar la crisis, sino que encima van a salir beneficiados, ¿adivináis quién va a acabar pagando la crisis?

La sufrida clase media.

Rriver of Life

2 comentarios:

Félix dijo...

No está nada mal que después de toda una vida de pensamiento profundo y trabajo duro, lleguemos a la conclusión: "Lo cierto es que esta sociedad está montada de forma que el que es rico tiene muchas oportunidades de seguir siéndolo sin dar palo al agua".
No sé si llegué a disfrutar de aquel balón, yo creo que sí. Si llego a conocer la historia en aquel momento hubiera puesto mucho más interés y cariño en aprender a jugar al rugby.

Dr.Krapp dijo...

Vaya invento el de las clases medias. Un invento que no tiene más allá de 70 años. Ántes había lumpen, currantes y ricos aunque también se les llamaba proletarios, pequeña burguesía, gran burguesía y nobleza. Pero llegó Hitler e inventó las clases medias aprovechándose de ese sector descontento y conservador que huía de la hez proletaria, de la escoria emigrante, de la ralea judía y de otra clase de virus. Ellos se sintieron muy satisfechos de que alguien les considerase aparte y no tuvieron reparos en ponerse uniforme y engrosar las tropas de las S.A. y las S.S. con las consecuencias que todos sabemos.
Desde entonces, las derechas en sus múltiples disfraces, apelan plañideramente a las clases medias y al sentido común cuando quiere alistar y arrejuntar a sus seguidores.

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