La soledad


Me llamo Robert Neville.
Soy un superviviente que vive en la ciudad de Nueva York.
Estoy transmitiendo en toda la banda de AM.
Estaré en el puerto de South Street todos los días al mediodía, cuando el sol está más alto.
Si hay alguien ahí, quien sea, si hay alguien ahí,
Puedo proporcionar comida, puedo proporcionar refugio, y puedo proporcionar seguridad.
Si hay alguien ahí, quien sea, por favor.
No estás sólo.
De la versión cinematográfica de Soy Leyenda, de Richard Matheson.

Hace unos años, en los meses de verano, mi mujer se iba con los niños y me dejaba sólo en casa. Recuerdo que la soledad me apretaba con fuerza, sobre todo los fines de semana. Contra lo que puede parecer, no es fácil buscar compañía en esos momentos. La mayoría de mis amigos no estaban: tenian sus propios planes o su propia familia.

Aunque ya empezaban a proliferar las redes de contactos por internet, los chats, los foros y el messenger yo siempre he sido un miedoso complusivo. No me he fiado de los que no conocía de nada y de los que sólo tenía como evidencia unas palabras escritas sobre una pantalla de ordenador.

Además, parecía que todo el mundo buscaba sexo, y sólo sexo. Yo nunca he descartado el sexo en principio, aunque la verdad tampoco se me ha dado bien el ligue de una noche. Pero intercambiar sexo por soledad no me parecía una ecuación justa. Porque una vez has tenido sexo, la soledad se haría más intensa. Como diría mi querida Claudia, "Antes de meter, mucho prometer. Pero después de metido, nada de lo prometido".

En la gran ciudad todos somos extraños. Quizás esa sensación llevó a Richard Matheson a escribir un mundo en el que un unico sobreviviente vaga en absoluta soledad por la ciudad de Nueva York. Muchas novelas y películas de ciencia ficción hablan de un mundo en el que un cataclismo mata a la mayoría de la gente, y las cuidades quedan vacías. La soledad es al mismo tiempo un temor y un deseo.

Muchos de nosotros tenemos algunos círculos de amistades, más o menos antiguas en algunos casos, amigos de la infancia, de la juventud, del trabajo. Pero el tiempo y la distancia nos va separando poco a poco. Cada vez juntarse cuesta más. La soledad se va aproximando poco a poco. Quizás si te forjas tu propia familia, y por la propia dinámica de ella, estarás menos sólo, a ratos.

Pero la soledad acecha y tenemos que aprender a convivir con ella.

3 comentarios:

Novicia Dalila dijo...

La soledad no elegida libremente es uno de los peores sentimientos a los que nos podemos enfrentar... Esa sensación de estar solo porque nadie quiere estar a tu lado... es difícil de digerir.
Sin embargo, no sé si llega a ser real eh?? Hay que fijarse bien, porque a veces, cuando piensas o sientes que estás solo, seguramente hay alguien cercano que está contigo, a tu lado, sin que tu te des cuenta...
Las personas que se van cruzando en nuestro camino y que de una manera o de otra nos acompañan hasta el final, son las que hacen que merezca la pena no estar solo.

Un beso Rriver

Dr.Krapp dijo...

Ese texto de Richard Matheson es fantástico.
La soledad es una arpía. Cuando la deseas te olvida, cuando no la necesitas te acosa.

Félix dijo...

Me has obligado a ver la "peli", no te lo perdonaré jamás, pero no me negarás que como dice Barth:
¡Mola...!
Todo el día sin colas y por la noche... ¡verbena!
No sé... me ha recordado aquella canción que decía:
"The only little boy in New York City"
"pero como pasa el tiempo, que de pronto son años, sin pasar tú por mi", estoy seguro que podríamos seguir encadenando letras de canciones hasta llegar a la conclusión de que nacemos solos, morimos solos y entre medias te tengo que soportar o me tienes que soportar o buscamos a alguien que nos soporte o lo soportemos.
Creo que merece la pena aprender a estar solos con nosotros mismos, de otra manera... ¿cómo podemos apreciar a los que nos rodean?
Hasta otra... ¡vaquero!

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