Una de cal y una de arena


El refranero español es tan rico que dispone de expresiones apropiadas para casi todas las situaciones. La que encabeza el artículo de hoy se suele utilizar para cuando se dan situaciones opuestas. La cal y la arena: una es blanda y la otra dura, una es calurosa, la otra fría. Una transformable, la otra perdurable. De esta complementariedad surge sin embargo una mezcla con las que se construyen los edificios más resistentes.

Así es la vida: unas veces te pasan cosas "buenas" y otras veces "malas". Pero no tendría gracia vivir si sólo hubiese un tipo de cosas. Por ejemplo no tendría ninguna gracia que siempre que jugase a la lotería me tocase: la emoción del juego se perdería. 

Así ha sido este año: diversas situaciones me han alejado de determinadas personas, pero a cambio, otras se han acercado a mí. Tanto aquellos con los que ya suponías que podías contar, pero que te encanta comprobar que es así, como con otros que no creías que llegarían a identificarse tanto contigo. Que han pasado por historias parecidas, que te entienden y te cuentan su propia aventura.

Además he conocido a nuevas personas, que no sólo me enseñan otras formas de ver la vida, sino que también me acompañan en los buenos y en los malos momentos. Gente a la que no conocía hace un año y ahora son muy próximas. 

Amigos recuperados: a los que no veía desde hace más de quince años, y ahora he vuelto a ver, con su historia que contar. Con sus avatares y un poco menos inocentes que entonces, pero con su permanente visión vital. 

Otros nuev@s  amig@s, esta vez virtuales, han acompañado este humilde blog. No demasiados, pero, ¿para qué quiero público?. Lo que quiero es compañia, complicidad. Ya sabéis a qué me refiero.

Así que finalmente el balance no es malo, sino seguramente todo lo contrario. El camino se hace al andar. Espero recorrer un largo y curvo camino todavía.

Pa remate voy a adoptar una sana costumbre de mi retoño: poner una letra de canción. La de hoy es apropiada, creo yo, a las fechas que corren, o al menos al espíritu que una vez tuvieron:

AMA, AMA, AMA, Y ENSANCHA EL ALMA

Quisiera que mi voz fuera tan fuerte
que a veces retumbaran las montañas
y escuchárais las mentes-social-adormecidas
las palabras de amor de mi garganta.

abrid los brazos, la mente y repartíos
que sólo os enseñaron el odio y la avaricia
y yo quiero que todos como hermanos
repartamos amores, lágrimas y sonrisas.

de pequeño me impusieron las costumbres
me educaron para hombre adinerado
pero ahora prefiero ser un indio
que un importante abogado.

hay que dejar el camino social alquitranado
porque en él se nos quedan pegadas las pezuñas
hay que volar libre al sol y al viento
repartiendo el amor que tengas dentro. 

Extremoduro

El año que vivimos peligrosamente

La vida te dá sorpresas, sorpresas te dá la vida,  ¡ay, Dios! (que cantaba Rubén Blades)

Si todo sigue así, este año voy a terminarlo con tres divorcios: el primero con mi mujer, el segundo de mi mejor amiga, y el tercero con mi jefe. Si me lo dicen al empezar el año, no me lo creo.

De los tres, el único que he buscado (con mi jefe), va a ser a la postre el más liviano y satisfactorio. Quizás porque entre hombres esas cosas se llevan con menos emotividad, más friamente.

Hace ya tres años estoy con él. Al principio fué duro, pero pensaba que se trataba de una época de aprendizaje. Me dí un plazo de un año para adaptarme y empezar a rendir "al 100%".

En el segundo año, las cosas no fueron mejor. En realidad se complicaron aún más. La frenética actividad del día a día sin embargo amortiguó o quizás enturbió mi visión y no me dí cuenta de que las diferencias y problemas constantes no eran coyunturales. 

Tampoco me dí cuenta de que poco a poco ibamos teniendo cada vez más trabajo, o mejor dicho, más presión, y menos medios para realizar las tareas eficazmente. 

El tercer año tampoco ha sido mejor. Se cruzaron las elecciones, una cortina de humo más. Tras ellas la cosa no mejoró. Movidas constantes salpicadas de broncas por cualquier detalle.

Siempre puse mi mejor voluntad sobre la mesa, pero debo reconocer que mi jefe combina un autoritarismo a ultranza con un deseo de perfección suma. No puedo decir que me motive el hecho de no poder tomar ninguna decisión, o mejor dicho, de que todas mis propuestas acabasen en la papelera, y por otra parte se castigue y reproche cualquier inexactitud o tardanza.

Si fuese mal pensado, en ocasiones podría haberme sentido víctima de mobbing: encargar tareas absurdas, tareas por duplicado (a mí y a otro a la vez, sin saberlo yo), tareas que no me competían, y que no podía hacer al carecer de la información precisa.

En una ocasión estábamos en su despacho el, y yo, y otra persona, hablando de uno de los proyectos. De repente, sin venir a cuento, me dijo "¿Y tú de qué te ries? Siempre riendo riendo sin venir a cuento". La verdad es que no era yo consciente de estarme riendo de nada. Es posible que una sonrisa iluminase mi cara, y tal gesto no fuese de su agrado.

El colmo fué hace un mes. En una reunión con mucha gente, unas quince personas, empezó a comentar un cambio en nuestras actividades. La gente se quejaba, pues era más trabajo, ya que las nuevas actividades se harían sin dejar las anteriores. En un momento dado, me encargó una tarea urgentísima, y le dije que la haría cuando pudiera (era viernes por la tarde) pensando en hacerla el lunes a primera hora. Montó en cólera y me llamó "chulito", supuestamente por no querer dejarlo todo inmediantamente y ponerme en ese mismo instante a cumplir sus órdenes perentorias.  (dicho sea de paso, era imposible hacerlo el viernes por la tarde porque el administrativo que tenia los papeles no trabaja el viernes por la tarde).

Era un trabajo bonito. O mejor dicho, podría haber sido bonito, de haber tenido más tiempo, más recursos, más autonomía. Y sobre todo de haber sido reconocido -algo- el esfuerzo,  de haber recibido alguna palabra de ánimo o aliento, de haber recibido apoyo, aunque fuese de pascuas a ramos. Pero como digo todo trabajo por interesante que sea se puede convertir en algo feo si su desempeño diario es casi una tortura y un sobresalto.

Así que seguramente con el cambio de año llegará un cambio de trabajo... a ver qué nos depara. 

(De los otros divorcios hablaré en sendos posts... no conviene mezclar churras con merinas.)

Estas navidades regala sexo oral

El consumismo navideño es el Mal.

Y el despilfarro consumista en general, también.

Contribuye a desquilibrar la balanza comercial entre las regiones y destruye el ecosistema:

a) explotando recursos naturales,

b) generando un gran volumen de basura y

c) contaminando en el proceso de elaboración y transporte de los productos.




Encontrado gracias a Lisebe, que proviene de El Listo

Ah por cierto, sexo pero seguro eh!

Lo que hacen los de la foto es porque son de piedra y tal. Vosotros tumbaditos o si acaso sentaditos y relajados.

Hala, a disfrutar!!!

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