Nihon (ni): A vuestros cuerpos dispersos


Es de noche en Tokyo. A mi alrederdor, una palpitación estival, bullente, agresiva.

Demasiado poco que contar. Supongo que es porque estoy entrando en este estilo de vida, tanto, que encuentro desapercibidas cosas que otrora me llevaron al escándalo. Sé que también así se puede vivir, a menudo sordos y ciegos, pero disfrutando de sus paraisos artificiales. Todos ficticios.

Y ¿quién puede decir lo que es real?. Te ves obligado a creer. O crees o no existes. 

Porque, ¿qué es el Japón, al fin y al cabo?. Un enorme conglomerado popular, unas islas con escasa superficie habitable, arrojado al mar de los tifones y los terremotos. Una raza que ha creado un sistema social estilo colmena. Todos mentalizados para trabajar y sufrir por el progreso de su sagrada empresa. Acostumbrados a no necesitar cada uno más que lo justo para vivir, el metro cuadrado para dormir, el breve descanso entre el final de la jornada y la mañana del día siguiente. 

Es eso: has de vivir desde pequeño acostumbrandote a lo difícil, a lo frugal. Y has de no conocer otra cosa, pues si no el trauma de la reentrada te volverá un satisfecho y un marginado.

Y no es que se pueda decir que carecen de sensibilidad. La tienen, y mucha. Para las cosas pequeñas y frágiles: el papel, las flores, los dibujos. Y las plantas en un país verde, verde, acuífero. Hasta tal punto que se pasan: contínuos estallidos de colores por las calles, las tiendas y la comida.

Pero tiene su contrapunto en esos templos pacíficos, ocultos y relajantes. Si embargo, hasta eso se acab convirtiendo en un mero objeto de paso accidental o multitudinario, como casi todo en esta tierra.

Porque ésto es la masa humana en movimiento, en las calles, en los trenes, inundándolo todo, pero ciega y gregaria. Allá van todos con su uniforme, juntitos, graciosos. Son como el rayo laser: la onda de luz coherente y monocromática.

(Que conste que, personalmente, no tengo nada contra ellos!!!. En realidad, me parecen gente encantadora).

Tokyo, 6-julio-1987

Algunos de mis lectores se han interesado por mi etapa nipona. Encontré, revolviendo entre viejos papeles, un cuadernito, donde escribía mis impresiones y sensaciones más personales. Parecido a un diario, pero no pensado para ser divulgado. Más bien como un cuaderno de viaje. Pero he decidido que, como con mis historias seriadas sobre mis mujeres, publicaré, sin orden ni concierto, que no sea el que mi humor del momento me determine, mis historias sobre Japón. La primera entrega ya la habeis leido: La chica de Taiwan.

La serie irá encabezada por la palabra Nihon, es decir, Japón en japonés, y la numeración será japonesa: inchi (uno), ni (dos), san (tres), ... 


7 verdades como puños, y una mentira piadosa


CABALLERO:¿Has visto la jodía de la Novicia?. Va la tia y me tagea, que debe ser eso peor que un dolor de muelas, y encima me dice que tengo que contar esto y lo otro sobre mi.
RRIO: Contento debías estar, te ha elegido entre sus cientos de seguidores incondicionales. ¡Uno de los siete elegidos por Novicia!
CABALLERO: Además yo no sé inglés, no entiendo los palabros esos que ha puesto en el blog.
RRIO: No te preocupes, hombre, yo te lo traduzco.
CABALLERO: Y encima tengo que nombrar a otras siete víctimas! Ni siquiera tengo tantos lectores. NoPuedoNoPuedoNoPuedo.
RRIO: Vaaaaaaamos hombre, ánimo, ya sabes el maleficio que te puede caer si no lo haces.
CABALLERO: ¡Pero si es que ya lo saben todo sobre mí!. ¿Qué quieren que les cuente?.
RRIO: Mira, no te hagas ahora el estrecho, que todos saben que eres un poco exibicionista (1). Podrías contarles lo del testículo...
CABALLERO: Estás chalado. ¿A quién le importa si tengo un testículo más alto que otro(2)? Si lo debe tener media humanidad. Bueno y la otra media una teta más grande que la otra.
RRIO: Entonces lo del monte Fuji...
CABALLERO: Es pura anécdota. Y además me tacharán de loco si digo que grité tres veces BANZAI al amanecer desde la cima(3).
RRIO: Mira lo que es cierto es que eres un quejica(4). Tu época de Japón te dió un saco inagotable de batallitas, que sueltas siempre que puedes. Así en los saraos siempre tienes algo que contar.
CABALLERO: Siempre me ha gustado la aventura, pero dentro de un orden(5). Y aunque tengas todas esas historias que contar, también lo pasas mal en muchas ocasiones.
RRIO: ¿Y algo realmente íntimo?. ¿Un vicio, una pasión?.
CABALLERO: Está bien, contaré un secreto: cuando me fuí a hacer la confirmación, me tuve que confesar antes. Entonces ya me hacía pajas, pero no sabía como explicarselo al cura, así que le dije que era marica(6). El pobre lo negó todo: "no te preocupes, que no es así...". Si se llega a enterar de lo que pasó luego...
RRIO: No cuentes más, que no es necesario. Tú, con tal de probarlo todo...
CABALLERO: Pues podrías probarlo tú también(7). Si tienes miedo al SIDA, te pones preservativo y ya está.
RRIO: ¡Pero si a mí no me gustan los hombres!
CABALLERO: ¿Y cómo lo sabes, si no lo has probado?
RRIO: De la misma forma que sé que no me gusta comer mierda. A tí lo que te pasa es que te gustan más los culos que a un tonto unas castañuelas (8).
CABALLERO: Prejuicios, prejuicios, prejuicios... y mucho miedo, es lo que hay.

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VOZ EN OFF:

Y siguieron, y siguieron hablando y hablando... como hacían siempre. Pero entre pitos y flautas, acababan de decir las siete verdades y una mentirijilla, las cuales ocho en total están señaladas en cursiva y numeradas. 

Si queréis, podeis jugar un juego: descubrir la mentira.

De todos modos, es verdad que Caballero no tiene siete lectores conocidos, y también que no le da la gana pasar esta bola a otros siete incautos, aunque el cielo se hunda. Porque las cadenitas ya está el mundo bastante lleno, y aunque a una monja perversa le vaya el rollo, que coja y se deje encadenar por quien le guste encadenar, que lo que es al Caballero Negro, ni encadena, ni deja que le encadenen.

Ea!

El río Leteo sabe amargo



Sol Weintraub es un erudito judío que vive en Mundo de Barnard (planeta en torno a la Estrella de Barnard). El objeto de su estudio es Dios y cómo la humanidad se ha relacionado con él.

Sol tiene una hija llamada Rachel. Desde pequeña, Rachel muestra ser muy activa y, al hacerse mayor, se convierte en arqueóloga y decide ir a Hyperion. Sol no está muy de acuerdo en que vaya a Hyperion, pues conoce las historias que circulan sobre el Alcaudón y las Tumbas del Tiempo, pero Rachel le tranquiliza, asegurándole que no hay nada anormal y que lo único que sucedió en el pasado es que algunos irresponsables se acercaron demasiado a las mareas antientrópicas.

Rachel viaja a Hyperion y conoce a un compañero de trabajo, del que se enamora. Una noche, mientras da una solitaria vuelta por las Tumbas del Tiempo, suenan las alarmas que detectan una fuerte subida de las mareas antientrópicas. De repente, las Tumbas se convierten en un lugar irreconocible, en el que aparecen cámaras donde antes no había ninguna. Rachel nota una presencia a su lado.

Rachel se despierta en el hospital al lado de su novio. No recuerda nada, aunque parece encontrarse bien. Con consternación, activan una grabación en la que se oye a sí misma diciendo que su memoria se deshace... Cada día olvida lo que ha hecho el anterior.

No tardan en darse cuenta de que no sólo olvida lo que ha hecho el día anterior, sino que cada día se borra un día previo al accidente. Finalmente descubren que el cuerpo de Rachel está rejuveneciendo (de ahí que borre los recuerdos de aquellos sucesos que aún no ha vivido).

Al principio Rachel intenta rehacer su vida. Cada día se enfrenta al mismo infierno: con grabaciones y notas tiene que recordarse a sí misma quién es y qué le ha pasado en Hyperion.

El caso de los Weintraub despierta la curiosidad de los medios de la Hegemonía, pero el provincianismo de Mundo de Barnard les asegura cierta intimidad.

Poco a poco Rachel va rejuveneciendo y llega un momento en el que desisten de decirle la verdad. En su lugar, le cuentan alguna mentira piadosa, como que ha estado enferma y por eso no puede salir a jugar con otros niños.

Sol intenta comprender por qué Dios ha castigado a su hija de esta forma. Cree que sacrificándose él en lugar de su hija ella quedará libre, pero una misteriosa aparición en sueños le dice que eso sirvió en el pasado, pero esta vez habrá que sacrificar a la niña. La aparición le pide que acuda con su hija a Hyperion, a lo que Sol se niega.

Sol también pide ayuda a la Iglesia del Alcaudón, pero no obtiene la respuesta que él pide. Para ellos, su hija ha sido bendecida por el Alcaudón.

Los Weintraub se someten a tratamientos Poulsen para poder cuidar a su hija y se la llevan al mundo judío de Hebrón, donde esperan obtener tranquilidad, pero la madre muere en un accidente de tráfico mientras visita a su hermana en Mundo de Barnard.

Conforme Rachel se va haciendo más y más pequeña, Sol se ve sumido en la desesperación. Está dispuesto a llevar a su hija a Hyperion, pero Hegemonía no le deja. Finalmente, tras una campaña mediática a su favor, el desesperado padre consigue embarcar en la peregrinación a Hyperion.

Hyperion, de Dan Simmons.
Resúmen de la Cuarta Historia.
Tomado de la entrada de Hyperion en Wikipedia.

Moraleja: Rejuvenecer no siempre es mejor que envejecer. Romper las reglas básicas de la vida puede ser muy doloroso, y llegar a convertirse en una pesadilla.



Aquel que desee ser eternamente joven podría tener la desgracia de que su deseo se cumpla...

Nihon (ichi): La chica de Taiwan

Eran sus piernas
de una altura infinita

Era su boca
una promesa sensual

Eran sus ojos
ojos de sonrisa ¿de niño?

Eran sus manos
un juego de choque y caricia

Ella estuvo allí
Su calor, su hacer fácil lo difícil

En el corazón
De un tímido, pero ansioso viajero
Quedó la gracia, la chispa
La risa, la compañía

A veces me pregunto
Qué había bajo ese maquillaje
De cantante olvidada en un rincón
Del mar interior, de las mil islas

Perdí su nombre, y es todo
lo que deseaba conservar de ella.

Kurashiki, Abril, 1987

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