Diferencias entre los mortales y los jefes


Cuando tardas mucho en acabar una tarea, eres LENTO

Cuando tu jefe tarda mucho, es METICULOSO

Cuando tú no haces tu trabajo, eres PEREZOSO
Cuando tu jefe no hace el suyo, está DEMASIADO OCUPADO

Cuando cometes un error, eres un IDIOTA
Cuando tu jefe comete un error, es solamente HUMANO

Cuando tú haces algo que no te han pedido, EXTRALIMITAS TU AUTORIDAD
Cuando tu jefe lo hace, es demostración de INICIATIVA

Cuando mantienes tu posición, eres un CABEZOTA
Cuando tu jefe lo hace, es FIRME

Cuando tú no respetas el protocolo, eres GROSERO
Cuando tu jefe lo hace, es ORIGINAL

Cuando complaces a tu jefe, eres un CHUPA MEDIAS
Cuando tu jefe contenta al suyo, es COOPERATIVO

Cuando no estás en tu despacho, echas CARRO
Cuando tu jefe no está en su despacho, está en ASUNTOS

Cuando tú estás de baja por enfermedad, estás siempre ENFERMO
Cuando tu jefe está de baja por enfermedad, debe estar GRAVEMENTE ENFERMO

Cuando tú mandas bromas por e-mail, es correo INÚTIL

Cuando lo hace tu jefe, es HUMOR 

Ahora se porqué nunca seré un buen jefe...

7 mentiras (y una verdad)


Envío mi curriculum, una y otra vez, y no me llaman. Una amiga me dice "tu curriculum es demasiado bueno. Tienes un perfil de jefe. Para jefe, ya están ellos".


Un amigo me confesaba que, en un momento de su vida profesional, se vió obligado a "empeorar" su curriculum. Me decía "si quieres saltar, tienes que agacharte primero".


El abogado me dice "Oirás muchas cosas, cosas horribles. Tú debes decir que no sabes nada, que no recuerdas nada." Yo dije que no recordaba nada.


El sábado pasado, mi hijo me aseguró que iba a llegar a las dos a casa. Llegó a las tres y cuarto.


En el mismo día, una persona me dice que estoy más gordo, y otra, que estoy más flaco.


Cuando era pequeño, falsificaba los billetes de autobús. Compraba el billete ordinario, y luego con una cuchilla raspaba el "cero" y ponía I/V (ida y vuelta). Convertía pues un billete en dos, y me guardaba el dinero sobrante.


Jugando al ajedrez, efectué una maniobra de distracción. Moví piezas en un lado del tablero, y cuando mi oponente acudió a defenderse, ataqué por el otro lado.


Me llamaron para concertar una cita, ésta semana. "No puedo, esta semana la tengo completamente ocupada, y la que viene también. Llámeme a la siguiente".

Tonterías II

Me ha costado bastante trabajo encontrar la poesía, la había perdido, la poesía sobre la montura de Don Río.
El Caballero Negro tiene su corcel, también negro, pero qué tiene nuestro D.Río, pues… una bicicleta.
Me contaba, en una ocasión, D. Río, los recorridos que hacía con su corcel, perdón, digo bicicleta, las calles por las que pasaba. Muchos días, casi todos los días.
Estoy convencido que él hubiera escrito esta poesía, pero se la robó descaradamente Don Rafael Alberti. Se adelantó. ¡Qué descaro!. Don Rafael no es santo de mi devoción, pero en ocasiones, en contadas ocasiones, me dice por dónde tengo que ir. A D.Río, su bicicleta también le dice por dónde tiene que ir y pocas veces se equivoca. No penséis que esto es un recurso poético, la bici de D. Río habla con él, le aconseja, le escucha, incluso está pensando abrir un blog.
Por mi parte dejo mis “tonterías” para escuchar o leer, nuevamente, a Don Rafel o Don Río que en este caso, es lo mismo.

A los cincuenta años, hoy, tengo una bicicleta.
Muchos tienen un yate
y muchos más un automóvil
y hay muchos que también tienen ya un avión.
Pero yo,
a mis cincuentas años justos, tengo sólo una bicicleta.

He escrito y publicado innumerables versos.
Casi todos hablan del mar
y también de los bosques, los ángeles y las llanuras.
He cantado las guerras justificadas,
la paz y las revoluciones.
Ahora soy nada más que un desterrado.
Y a miles de kilómetros de mi hermoso país,
con una pipa curva entre los labios,
un cuadernillo de hojas blancas y un lápiz
corro en mi bicicleta por los bosques urbanos
por los caminos ruidosos y calles asfaltadas
y me detengo siempre junto a un río,
a ver cómo se acuesta la tarde y con la noche
se le pierden al agua las primeras estrellas.

2
Es morada mi bicicleta
y alegre y plateada como cualquiera otra.
Mas cuando gira el sol en sus ruedas veloces,
de cada uno de sus radios llueven chispas
y entonces es como un antílope,
como un macho cabrío, largo de llamas blancas,
o un novillo de fuego que embistiera los azules del día.

3
¿Qué nombre le pondría, hoy, en esta mañana,
después que me ha traído,
que me ha dejado sin decírmelo apenas
al pie de estas orillas de bambúes y sauces
y la miro dormida, abrazada de yerbas dulcemente,
sobre un tronco caído?

Carlanco de los bosques.
Estrella voladora de las hadas.
Telaraña encendida de los silfos.
Rosa doble del viento.
Margarita bicorne de los prados.
Cabra feliz de las pendientes.
Eral de las cañadas.
Niña escapada de la aurora.
Luna perdida.
Gabriel arcángel.
La llamaré con este frágil nombre.
Porque son sus dos alas blancas las que llevan,
anunciándome al aire de todos los caminos.

4
Yo sé que tiene alas.
Que por las noches sueña
en alta voz la brisa
de plata de sus ruedas.

Yo sé que tiene alas.
que canta cuando vuela
dormida, abriendo al sueño
una celeste senda.

Yo sé que tiene alas.
Que volando me lleva
por prados que no acaban
y mares que no empiezan.

Yo sé que tiene alas.
Que el día que ella quiera,
los cielos de la ida
ya nunca tendrán vuelta.

Tonterías

Se han cruzado las ideas, las entradas, los comentarios, las posturas ante la vida, la nueva moral y la no menos novedosa terminología, mi interés por saber en qué momento escuché por primera vez poesía. Todo se ha cruzado.
Leí que la poesía debía ser “sencilla, sensual y apasionada”, pero la primera vez que la escuché era un arma arrojadiza, era León Felipe. Y no olvidé las palabras.
¿Cómo eran? No eran sencillas, ni sensuales, pero sí apasionadas.
¿Qué decían? Hablaban de “compromiso”, el que nunca he dejado.
Permitiéndome alguna licencia que él me perdonaría, más o menos esto es lo que escuché:

Y he aquí que de repente puedo decir otra vez quién soy. Este Niño de Vallecas soy yo. Y tú también. Y todas las mujeres y hombres de este mundo. Los que se quedaron en casa y los que salieron de aventura. Y para que no lo olvide nadie ni se escape ninguno, ni se duerma ninguno detrás de la puerta, le puse hace tiempo este pie:

PIE PARA EL NIÑO DE VALLECAS DE VELÁZQUEZ

Bacia, yelmo, halo
éste es el orden, Sancho

De aquí no se va nadie.

Mientras esta cabeza rota
del niño de Vallecas exista,
de aquí no se va nadie. Nadie.
Ni el místico ni el suicida.

Antes hay que deshacer este entuerto,
antes hay que resolver este enigma.
Y hay que resolverlo entre todos,
y hay que resolverlo sin cobardías,
sin huir
con unas alas de percalina
o haciendo un agujero
en la tarima.
De aquí no se va nadie. Nadie.
Ni el místico, ni el suicida.

Y es inútil,
inútil toda huida,
(ni por abajo
ni por arriba).
Se vuelve siempre, siempre.
Hasta que un día (¡un buen día!)
El yelmo de Mambrino
-Halo ya, no yelmo ni bacía-
se acomode a las sienes de Sancho
y a las tuyas y a las mías
como pintiparado,
como hecho a la medida.
Entonces nos iremos Todos
por las bambalinas:
Tú y yo y Sancho y el niño de Vallecas
Y el místico y el suicida.

Otoño en Paris



El enorme taxi, con un solitario viajero, se detiene. Baja el viajero, desorientado, mirando alrededor.

"Sí, es aquí. Y ¿qué coño hago yo aquí, dos horas antes?. El maldito avión ha ido más rápido de lo previsto, y el taxi sólo ha tardado diez minutos."

Se dirije hacia la puerta, va a entrar, pero... en pensandolo mejor, retrocede. "Sí, la foto. Primero haré una foto a la puerta, que luego con el lío se me olvida."

Retrocede aún más, y al doblar la esquina descubre de repente un jardín lleno de estatuas. "Bueno ya que tengo la cámara en ristre, haré unas pocas fotos más."

Andando y andando, se acerca al Sena, cruzado por un curioso puente, con rutas independientes para los cuatro transportes que le atraviesan: coches, trenes, bicis y peatones.

"Hacía frio, pero de repente ya no lo siento. Esta humedad liviana, se ha vuelto acogedora."

El paseo alcanza unas escalinatas, que conducen a un edificio acristalado "biblioteca nacional" donde el paseante se sienta a descansar y a observar las escasas personas que van y vienen, con parsimonia.

Un nuevo e innovador puente atraviesa de nuevo el río. Cruzándolo cree oir un suave silbido. "A lo mejor es una invitación, pero... no soy tan atractivo. O sea que será un chapero".

Ya de vuelta, ve a los niños jugando en el parque. "Dada la hora, está claro que han hecho pellas, para practicar su deporte favorito. Bueno no te creas que lo hacen mal, aunque parecen un poco peligrosos los saltos que hacen con las tablas de skate en esos toboganes artificiales."

Poco a poco la ruta se cierra sobre sí misma. Con resignación se introduce en el edificio, atraviesa patios y vallas, entra en el auditorio y se encuentra de cara con la secretaria, que le estaba esperando.

"Buenos días Rrío, me alegro de verle de nuevo. ¿Que tal el viaje?"

"Pues bien, pero el avión se retrasó y he llegado con el tiempo justo. ¿Cuándo comenzamos la reunión?"

Obsesiones de un miedoso complusivo



Debe de ser que desde aquel desgraciado incidente en que perdí todos mis miembros (menos uno!) me he vuelto un miedoso compulsivo. Hoy he asistido a una entrevista de trabajo, en la que han salido a relucir todos mis miedos.

He salido diciéndome: no me gustaría tomar la decisión de quedarme en mi trabajo actual por miedo al cambio, pero tampoco quiero tener que moverme por miedo a recibir más broncas de mi jefe.

Entremedias, la ofertante, para mayor complicación es amiga mía, y ha ejercido sus dotes seductoras para convencerme de que debía irme con ella. En un momento dado he llegado a decir "tengo miedo de que si te conviertes en mi jefa, dejes de ser mi amiga".

La lucha contra mi condición de miedoso complusivo me ha llevado a buscar algunas salidas. Tengo varios libros sobre el miedo, como el de José Antonio Marina: Anatomía del miedo, pero mi favorito es NoMiedo, de Pilar Jericó, que tiene incluso un maravilloso Blog.

La verdad es que mis miedos son muy de andar por casa. Para miedos, los del profeta desesperante de La Vida de Brian:

"Y en verdad os digo, que habrá rumores de que las cosas van mal. Y se producirá una gran confusión entre las gentes. Y nadie sabrá dónde está nada. Y nadie sabrá dónde están... esas cositas que llevan una base de rafia y una especie de correa. En esa hora, el amigo perderá el martillo de su amigo. Y los jóvenes no tendrán ni idea de... de dónde están las cosas que sus padres... que sus padres habían guardado allí la noche antes, a eso de las ocho. Está escrito en el Libro de Amadeo. ¿Alguien lo ha leído?"

Y nadie sabrá dónde están... tus ahorros... Suena a crisis apocalíptica mundial, ¿no? Si es que todo está inventado...

Pasa como los deseos de libertad de Novicia Dalila. Novicia, todo es relativo. Uno cree estar prisionero cuando en realidad, comparado con otros es libre como los pájaros. Y si no, fíjate lo que le dice Ben el prisionero a Brian, según le encierran en la celda:

"¡¿Qué tú lo has pasado mal?! ¡Yo llevo aquí cinco años colgado, y no me pusieron boca arriba hasta ayer, así que no me vengas con historias!"

Una simple cuestión de puntos de vista.

Yo personalmente creo que no es necesario pisar el acelerador para disfrutar intensamente de la vida. Me viene a la memoria el chiste de los toritos:

El torito y el toro están en lo alto de la colina, mirando a las vacas pastar tranquilamente por el prado. El hijo le dice al padre:

- Papá, papá, papá, ¿vamos corriendo y le tocamos una teta a aquella vaca??

Y el padre le responde:

- No hijo, no, vamos andando y nos las follamos todas!!

(encontrado en El Sexo y las posiciones ante la Web 2.0)

Ea!

Ella y el mar

Dormiré con el mar
Pensando en tí
En tu vuelo eterno de gaviota


Hablaré con las olas
De tus ojos,
color ámbar
Que se abren sorprendidos

Le contaré a la brisa
De tu pelo
De coral y humo

Sentiré el beso del agua
Como un eco de tus labios
fabricados
De kilómetros de piel

El Mar
Es el lugar al que perteneces
Porque el mar
Acentúa tu desnudez

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