Un trabajo de Thomas


El espíritu de la narración que yo encarno es un espíritu pícaro y ladino, que sabe administrar bien lo suyo y no satisface de inmediato todas las curiosidades sino que, despertando varias, satisface una, mientras, por decirlo así, enfría en el hielo la otra, para que se conserve y aún aguce. Si uno quiere saber sin tardanza qué fue del niño en el furioso mar de Dios, se le distrae y se le entretiene empezando con otro relato que es indispensable que conozca también, aunque le entristezca el corazón. Pero el hecho de que sea tan triste puede hacer que crezca su esperanza de que allá lejos, entre las olas, ocurran cosas más felices, pues no es tan necio el espíritu de la narración como para sólo anunciar cosas tristes.

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