Por detrás entre los pinos

Hemos quedado para dar un paseo en bici. Pero este es un paseo bastante especial, pues vamos a visitar un arbol, a medio camino entre tu casa y la mia. Al pie de ese arbol enterré, el día de San Juan, un deseo, escrito en una hoja de papel, sobre nosotros, sobre nuestro futuro.

Un viejo dicho, leyenda o superstición, dice que todo lo que se entierra en la noche de San Juan (incluidos los deseos) nacerá y crecerá fuerte y vigoroso.

Hoy vamos a ir allí, desenterraremos ese papel y lo leerás.

Llegamos al sitio con nuestras bicis. Aunque el arbol está cerca del camino, entramos algo en el bosque, dejamos allí las bicis, y abres el papel y empiezas a leerlo.

Mientras lo lees, te abrazo por detrás. Al poco tiempo, no se si como consecuencia de lo que estás leyendo, o sólo por el cansancio de la cuesta que hemos subido, te arrodillas. Como estoy abrazado con fuerza a tí, me arrodillo también, pero el movimiento hace que nos inclinemos ambos hacia adelante, cayendo tú boca abajo en el suelo, y yo encima, mi aliento sobre tu cuello, mi miembro sobre tus glúteos.

Este roce contra esa superficie mullida y dulce desarrolla un fuerte calor en mi vientre, creando una protuberancia que paulatinamente emerge con dureza contra mi pantalón y contra tu culo. Tu mano izquierda retrocede y se introduce entre tu cuerpo y el mío, palpando mi verga erecta.
- ¡Qué guarro eres!, ¿no me querrás follar mi lindo culo?- dices.

- Nooooo que va, ni se me había pasado por la cabeza. Aunqueee..., ya sabes el refrán: "¿Es guarro el sexo?. Sólo si se hace correctamente."- afirmo cachondamente.

En esas paso una mano por tus labios, momento que aprovechas para morder uno de mis dedos. Ya que no me sueltas, me echo a un lado, y la otra mano baja tu culotte, quedando arrugado en tus muslos, y comienzo a acariciar todas las curvas de tu culo, deslizándose por el canal que separa las nalgas, de arriba a abajo, y de abajo a arriba.

El dedo que está en tu boca, completamente mojado, se suelta, y acude en ayuda de la otra mano, masajeando suavemente la entrada de tu cueva trasera. Empujo, no demasiado fuerte, y entra, no con demasiada dificultad. Entra en la caliente y oscura humedad, que ocasionalmente se contrae y relaja a continuación.

Con la mano que me quedó libre me bajo también el pantalón, tomo mi miembro que también está grueso y caliente, y lo aprieto y bombeo con calma pero con pasión. Mojo mis dedos en tu boca de nuevo y después con la saliva humedezco su punta.

Me arrodillo y tomo tus caderas desde detrás con ambas manos. Los pulgares están junto al agujero, y los aprieto y estiro a ambos lados la piel. Empujo adelante hasta que la cabeza de mi nabo ocupa toda la entrada de tu estrechez oscura. Ahí se queda, presionando, no demasiado fuerte, pero sin ceder.

Entonces entra, como antes, sin empujones, pero manteniendo una presión constante, que poco a poco progresa. Sé que te gusta porque has cogido con una mano mis testículos y los acaricias, aunque ningún gemido sale de tu boca. El avance sigue, y ahora ya está completamente dentro, mi pubis en contacto con tus fantásticos y amados glúteos. Podría estar así eternamente.

De repente me empujas y caemos ambos de lado, clavandonos las agujas de los pinos en la piel, pero sin desacerse el íntimo acoplamiento. Estando de esta guisa puedo alcanzar tu sexo y te masturbo, lo cual agradeces moviendo tus caderas. Acompaño el movimiento con las mías, entrando y saliendo, sin prisas, porque si corro me corro.

Mientras en ello estamos te miro y me miras, paso mi mano por tu nuca, empujo tu cabeza hacia mí, nuestras bocas se acercan, nos besamos y cerramos los ojos, respirando el olor a resina y saboreando la lengua del otro.

El beso acentúa todas las sensaciones, nuestro mútuo movimiento se acelera, mi cirio en tu trasero, tu mano en mis pelotas, mi mano en tu entrepierna, seguimos y seguimos y seguimos... y nos corremos juntos, en un instante eterno donde parece que el tiempo se ha parado o ha pasado a otra dimensión.

Los pinos siguen ahí, entre ellos algunas nubes se mueven, dejando paso al sol de nuevo. Seguramente tenemos debajo piedras, tierra y agujas de pino, clavandose en nuestra piel, pero ni nos enteramos.

No sé, quizas las superticiones a veces sean reales.

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