Mujeres (II) Isabel

Isabel se sentaba en el asiento del autobús, a mi lado, mientras circulaba de Carabanchel Alto a Carabanchel Bajo. Este autobús era el número 34. Un número muy especial para mí pues hasta un punto en mi vida todos mis amores vivian en algún punto de la ruta de ese autobús.

Ella y yo hablábamos, no importa de qué. Llegamos a mi parada pero no me bajé. Fingí no darme cuenta de donde estaba. Varias paradas más abajo ella me preguntó, ¿pero no era tu parada esa de antes?. Si, si - me hice el sorprendido y atontado. Me tuve que bajar, pues.

A Isabel le compuse una canción. La letra era: Oh Isabel, Oh Isabel. Grandioso. Bueno, por algo se empieza.

Años más tarde, alguien, quizás ella, esperando a un autobús, quizás el 34, me inspiró una de mis primeras poesías:

En la frontera entre el lujo y la desesperación

Estás de pie, en la acera
Y la fría mañana neblinosa
Se condensa ante tu boca
Como un pensamiento de inocencia

Y esperas
Esperas algo
O quizá nada

Y dime
Desde cuando estás así
Cuando olvidó tu cabello
La caricia de una mano temblorosa
De un susurro

Qué sientes ahora
Cómo soportas el entumecimiento de tu cuerpo
Y tus ideales.

Y dime ahora
Qué vas a hacer

Ha sido mucho tiempo
Mirando el otro borde de la acera
Y la gente pasa sin mirarte
Y sólo una voz infantil, triste y delicada
Y perdida

1 comentario:

Anónimo dijo...

Si tomamos en cosideración el número de paradas del autobús 34 el autor del texto está hecho un auténtico Casanova.

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