Mujeres (II) Isabel

Isabel se sentaba en el asiento del autobús, a mi lado, mientras circulaba de Carabanchel Alto a Carabanchel Bajo. Este autobús era el número 34. Un número muy especial para mí pues hasta un punto en mi vida todos mis amores vivian en algún punto de la ruta de ese autobús.

Ella y yo hablábamos, no importa de qué. Llegamos a mi parada pero no me bajé. Fingí no darme cuenta de donde estaba. Varias paradas más abajo ella me preguntó, ¿pero no era tu parada esa de antes?. Si, si - me hice el sorprendido y atontado. Me tuve que bajar, pues.

A Isabel le compuse una canción. La letra era: Oh Isabel, Oh Isabel. Grandioso. Bueno, por algo se empieza.

Años más tarde, alguien, quizás ella, esperando a un autobús, quizás el 34, me inspiró una de mis primeras poesías:

En la frontera entre el lujo y la desesperación

Estás de pie, en la acera
Y la fría mañana neblinosa
Se condensa ante tu boca
Como un pensamiento de inocencia

Y esperas
Esperas algo
O quizá nada

Y dime
Desde cuando estás así
Cuando olvidó tu cabello
La caricia de una mano temblorosa
De un susurro

Qué sientes ahora
Cómo soportas el entumecimiento de tu cuerpo
Y tus ideales.

Y dime ahora
Qué vas a hacer

Ha sido mucho tiempo
Mirando el otro borde de la acera
Y la gente pasa sin mirarte
Y sólo una voz infantil, triste y delicada
Y perdida

Mujeres (I) Azucena

Azucena y su amiga iban todas las tardes a la piscina. La piscina tenía forma ovalada, como un 0 pero con un islote en medio, donde estaba la depuradora. Para llegar al islote, había algo como un puente de cemento, sin barandillas. Junto a ese puente se ponian, Azucena y su amiga, a jugar a los palillos.

Este juego bastante simple era tirar unos palillos de madera teñidos de colores en un montón, y luego retirarlos uno por uno sin mover el resto. Si movías alguno, perdías, y se contaban los palillos que quedaban que eran puntos en contra del que había movido los palillos. Bueno no estoy seguro si era así, pero el caso es que a este juego tonto iba yo todas las tardes de ese verano a jugar con ellas. Entonces no sabía porqué. Sólo un año antes iba con mi amigo Adrián a los algarrobos de al lado a matar enemigos invisibles, y a defender nuestro "tesoro" de algarrobas.

Pero ese año una fuerza misteriosa me hizo cambiar las algarrobas por palillos y la compañía de Adrián por la de Azucena.

Este es el primer recuerdo que tengo de haber sido atraido por una mujer. El recuerdo que tengo de ella es simple, etéreo, como el de la flor que lleva su nombre. Nuestra relación se basó en el levantamiento de palillo, y además creo recordar que me ganaba siempre. Bueno en general me ganan siempre, pero me estoy desquitando contandolo aquí. Si quereis saber cómo, seguid leyendo.

Me dan por todos lados


Primero va mi señora esposa y me monta un follón por unos euros que supuestamente tengo que pagarla y luego cuando le recuerdo que ella me debe una cantidad, se cabrea porque dice que ya me la ha dado. Todo por hacer favores: si el parking lo pagase en persona, sabría lo que cuesta. Pero como le pagué el coche, luego la escritura del aparcamiento, y ahora todos los gastos, incluido el IBI, encima me monta broncas cuando se lo recuerdo.

Luego va mi señor jefe y se cabrea porque no repaso bien los escritos, porque no compruebo bien todos los datos, porque en un acta de reunión, que ha redactado el secretario, que no pertenece a nuestra subdirección, hay un asistente mal. ¿Y porqué no le chorrea al P*T* secretario?. ¿Importa tanto si el error no se subsana?. Ya sabemos que el es perfecto y los demás no, pero, ¿porqué tiene que estar chorreándonos continuamente por ello? Ya se me ha olvidado el día que me felicitó por última vez por un trabajo bien hecho.

Y para remate le mando unas flores (virtuales) a una de las que yo creia que eran mis ultimas amigas y se mosquea porque le recuerdo que ese dia ya tenia mala cara, que ella lo sabe de sobra sin que se lo diga y que el que tiene mala cara soy yo. Y si no le puedes decir lo que piensas a un amigo, ¿a quien c+ñ= se lo vas a decir?

¡Pero bueno!


¿Qué he hecho yo para merecer ésto?

Amor virtual

Nunca se tocaron. Nunca se olieron. Nunca sintió uno el calor del otro, el roce apasionado.

Sus contactos se iniciaron a través de un portal y luego de un chat. No se sabe si uno sedujo al otro o ambos se dieron por seducidos de antemano.

Su intimidad fué subiendo de tono, tal como lo harias con un desconocido, por liberación y por impunidad. La malicia buscada y encontrada y la complicidad hicieron el resto. Entonces su relación se consumó, a escondidas, en horarios inesperados.

Ellos no pensaron que pecaban, en lo carnal, o más bien no pudieron pillarles. Pues vivieron momentos únicos de pasión, de los que castiga la estrecha moral.

Nunca se atrevieron a verse en real, por miedo a descubrir que todo aquello que la tecnología les transmitía era realmente una ficción lejana y falaz.

Ella está cerca

Quizás a menos de un kilómetro. No se qué hace exactamente ahora, pero me basta con ser consciente de su proximidad para ver la vida de otro color. Esa energía indefinible me invade sin saber de donde viene.

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