Amanece, que no es poco.

Dice un famoso jugador de baloncesto que lo peor de perder un partido no es la derrota sino la cara de tonto que se te queda. Bueno, hoy he ido a ver a un viejo amigo al tanatorio y no lo he podido reconocer. Así que podemos reformular macabramente el dicho: Lo peor de morirte no es la muerte en sí, sino la cara de cadáver que se te queda.

Cuando empecé este blog lo hice porque sentía la necesidad de contar ciertas cosas, íntimas, personales, que forman parte de mi pasado, pensando que estoy ya entrando en una edad donde debemos de ir preparando las maletas. Para dejar constancia, vamos. Por eso empecé a poner poesías que, buenas o malas, datan de hace más de 30 años.

No sé si el hacerlo (dejar constancia) supone admitir una derrota anticipada. Estoy leyendo un libro de Marius Carol donde se postula que los 50 son la juventud de la edad madura. Según él tenemos toda una vida por delante. Además tenemos poder adquisitivo, lo que parece producir unos poderosos efectos colaterales de atracción sexual, tanto para ellos como para ellas. No se trata de echarse cremas y perfumes: se trata de no darse por derrotado a priori y echar para adelante con todo.

Bueno, es una nueva manera de ver la expresión "Before the Dark", que podría corolariarse con el viejo dicho: "a follar, a follar, que el mundo se va a acabar".

Pero qué queréis que os diga: mi experiencia personal no respalda tan optimistas afirmaciones. Primeramente porque no noto que mi atractivo sexual, tradicionalmente bajo, haya mejorado, sino todo lo contrario. Y no es que me falten ganas. Pero la ración de calabazas de los últimos años ha superado todos los umbrales dignos.

En segundo lugar, está el asunto del amor. Ya no me enamoro. Bueno, ya no me enamoro nuevamente. Conservo viejos amores, a veces bien a mi pesar, pues soy un sufridor amoroso nato. Pero novedades, ninguna. ¿Es un síntoma?. Ya me diréis.

Voy a terminar mencionando otro hecho reciente y significativo. En mi cumpleaños, hace poco, convoqué a mis amigos a mi casa, como he hecho otros años. No vienen muchos pero los que vienen los considero de verdad. Bueno, este año decidí hacer una fiesta de disfraces. Mandé los correos con dos semanas de antelación. A la semana llegaron las primeras respuestas “no podemos ir… otro compromiso… lo pensaremos…”. Otros eran más claros: no nos gustan las fiestas de disfraces. Otros ni llamaron ni contestaron en absoluto. Resultado: 0 (cero).

La explicación que me auto impongo admite dos variantes: a) mi atractivo ha descendido hasta límites inconmensurables; b) (y mas probable) nos estamos haciendo todos mayores, y yo, ingenuo de mí, no me había dado cuenta.

De modo que los días que me siento optimista me digo “tienes que cambiar de amigos. Otros más jóvenes y más marchosos, menos agobiados por los años”. Pero los días que me siento bajo me digo: “el próximo año, mesa camilla y brasero para todos”. Como veis no doy por perdida la celebración, aunque si les invito a mesa camilla y no vienen, tendré que darme por jubilado definitivamente.

Hoy lo hablaba con otro amigo con el que he coincidido en el tanatorio. Me decía “parece que nos ha mirado un tuerto” y yo le respondía “o quizás es que ya nos estamos haciendo más mayores”.

Bueno, démosle otra vuelta al título del blog “before the dark”: la luz que precede a la oscuridad es el atardecer. Al atardecer sigue la noche, y a la noche, si tienes suerte, la mañana. Algunos, como mi pobre amigo al que he visto hoy por última vez, no llegarán a ver la luz de la mañana. Para los demás, por el momento, amanece, que no es poco.

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