De las galletas, del aire que respiramos y del derecho a morir a nuestro antojo

Supongo que os habeis dado cuenta de la estupidez que empieza a aparecer en todas las web del universo internetiano:

"Esta web utiliza cookies..." "Si sigue usted navegando acepta nuestra política de cookies..."

La política de cookies es por supuesto algo incomprensible e inútil, además de tremendamente farragoso:

"Esta web utiliza tanto 'cookies' temporales de sesión como 'cookies' permanentes. Las 'cookies' de sesión almacenan datos únicamente mientras el usuario accede a la web y las 'cookies' permanentes almacenan los datos en el terminal para que sean accedidos y utilizados en más de una sesión." Etc., etc. etc.
Como muchos de nuestros ilustrados lectores sabrán, un "cookie" no es ni mas ni menos que una galletita, y a lo que parece navegar por internet, hasta ahora, implicaba el consumo desmesurado e inadvertido de estas galletitas, pudiendo producir, a lo que parece, cierto sobrepeso digital.

Conscientes de que no está bien hacer que la gente consuma sin saberlo, ahora nos informan de que estamos consumiendo un montón de "galletitas", pero eso sí, que si queremos salir de casa (navegar por internet) es obligatorio consumir al menos una buena ración de nuestro alimento preferido.

Vamos, que es como si ahora nos dicen salir a la calle implica respirar el aire contaminado de la ciudad. Ya lo sabíamos, pero ahora nos machacan: "Le advertimos que si se atreve usted a salir a la puerta de su casa va a respirar no sólo aire, sino también el humo de los coches, el olor a fritanga del bar de la esquina, y los pedos de su vecino".

Excelso.

Y esto una y otra vez, cuando pasa un coche por nuestro lado, cuando entramos en un bar o cuando simplemente caminando nos cruzamos con alguien.

No sé si os lo han dicho y aún no os habéis enterado, pero Internet no funciona sin cookies.

Y ahora de repente los Grandes Poderes deciden que es importante que sepamos que internet no funciona sin cookies. Jajajaja.

Es enternecedor que los que nos gobiernan estén tan preocupados por nuestro bienestar, aunque renunciar a ese bienestar simplemente equivalga renunciar a vivir.

Hace unos años hubo una campaña, que creo que todavía sigue, titulada "fumar mata".

Seguramente también recordareis la famosa frase de Groucho Marx "La principal causa de los divorcios son los matrimonios".

Pues eso, la principal causa de las muertes son los nacimientos. Además, nadie nos preguntó si deseábamos nacer, de modo que hemos sido condenados a muerte necesariamente y sin nuestro consentimiento.

Así que quizás lo único que nos queda no es decidir si morimos, sino cómo morimos. Fumar es una opción. Además es buena para el Estado, pues fumar mata lentamente. Mas o menos te mata cuando empieza la jubilación, de modo que el estado se ahorra unos diez años de pensiones de jubilación.

Esto sumado a la gran catidad de impuestos que tiene el tabaco, hace que finalmente sea un negocio redondo.

De modo que el lema "Fumar mata" podría mejorarse: "Fumar mata, así que fume usted, que yo haré un gran negocio con ello". Y al menos aquí sí que estarían diciendo, por fín, una verdad útil.

La mentira es algo que se esconde
Para no tener que existir
No hay porque desconfiar
Si la locura ha decidido ya por ti.
En alas de la mentira,
Radio Futura


Gato, pez, mono

Soy gato por ascendencia paterna, y por redundancia felina. Siempre lo creí, hasta que hace poco me dijeron que en realidad lo mío era la felicidad, felicidad nominal, la cual quizás sientan los gatos felices. Seré gato hasta que muera, feliz o no, pero siempre felino.

Soy pez por designio de las estrellas, un designio figurado por otros que creyeron ver animales acuáticos en el cielo. Me tengo que inventar para hacerme pez, pero inventarme es siempre lo mío, aunque a veces haya que nadar en aguas turbulentas.

Soy mono por designio oriental, por afinidad grupal, aunque siempre discordante. Este mono tocará todo y a veces se quemará, y saldrá corriendo para subirse en el árbol más alto, hasta que se le pase el dolor.

Qué te voy a decir...



Qué te voy a decir si yo acabo de llegar 
 si esto es como el mar
 quien conoce alguna esquina 
Dejadme nacer que me tengo que inventar
 para hacerme pez empecé por las espinas. 
Nunca lo escribí en un papel y nunca me ha encantado mi voz
 y tú ahora me preguntas qué hacer
Y yo que siempre voy detrás del error
 que canto a lo que nunca tendré
 al beso que ella nunca me dio
Dime tú qué puede saber alguien
 que ha pasado la vida buscando la melodía
Qué te voy a decir si yo acabo de llegar
 si esto es como el mar quien conoce alguna esquina 
Dejadme nacer que me tengo que inventar
 para hacerme pez empecé por las espinas. 
La vida es algo que hay que morder
 y en cada boca tiene un sabor
 tus huesos no los tapa mi piel
 por eso siempre digo que no
 ahora tengo cosas que hacer
 que aún me queda media vida
 para encontrar la melodía 
Qué te voy a decir si yo acabo de llegar
 si esto es como el mar
 quien conoce alguna esquina 
Dejadme nacer que me tengo que inventar
 para hacerme pez
 empecé por las espinas.

A los locos, a los raros, a los rebeldes, a los folloneros



Este es para los locos,
los raros,
los rebeldes,
los folloneros,
los vástagos redondos en agujeros cuadrados,
los que ven las cosas de forma diferente.

A ellos no se les aplican las reglas.

Puedes citarlos,
criticarlos,
glorificarlos o vilipendiarlos,
pero lo único que no puedes hacer es ignorarlos, porque ellos cambian las cosas.

Ellos empujan la raza humana hacia adelante.

Y mientras algunos pueden verlos como los locos,
nosotros los vemos genios,
porque los que son lo suficientemente locos para pensar que pueden cambiar el mundo,
son los que lo hacen.

Steve Jobs



Lo que pasa es que algunos locos que queremos cambiar el mundo nos sentimos como hormigas intentando mover un transatlántico.

El color del viento

Si tú me preguntas blanco o negro, te diré: NEGRO. Si no me preguntas porqué, no te diré nada más. Pero si quieres saber porqué, te diré:

NEGRO si el fondo es blanco y quieres destacar.
BLANCO si el fondo es negro y quieres destacar.
BLANCO si el fondo es blanco y no quieres destacar.
NEGRO si el fondo es negro y no quieres destacar.

Si yo elijo negro, o bien es porque todo es negro y no quiero que se me vea, o bien porque el fondo es blanco y quiero que se me vea claramente. Te diré además que la pregunta, tal como la percibe el interrogado, tiene su contexto. El contexto es la interpretación que hace el interrogado sobre su propia situación.

Así, te diré que, en mi caso, y sin mas datos, tengo total libertad. Puedo imaginarme la pregunta y el contexto como me dé la gana. Así que, en el momento y situación en que leo la pregunta, lo veo claro: la respuesta es NEGRO. Negro porque lo veo todo negro, pero al fin y al cabo tampoco hay que darle mayor importancia. Con el mismo esfuerzo, podría haberlo visto todo blanco.

De hecho, si consultas a uno de esos consultores de coaching, tan de moda ahora, seguramente te hubiesen dicho que es mucho mejor verlo todo blanco. Que el mismo esfuerzo te hubiese costado. Recuerdo una frase que leí en algún sitio: "los pesimistas son los que normalmente llevan razón, pero se divierten mucho menos en las fiestas". Que profunda sabiduría. Quizás es la explicación de porqué he tenido más fiestas en las que no me he divertido que de las otras.

Ese sería un razonamiento racional, pero como seguro que sabes, el juego es mucho más amplio. Podría no haber contestado en absoluto. La no contestación también es una contestación. Podría significar: no quiero contestarte porque no me gusta tu pregunta, o porque no estoy de acuerdo en las implicaciones de la pregunta: las implicaciones son que sólo hay dos respuestas posibles; blanco o negro; uno o cero; sí o no; inocente o culpable; victoria o derrota.

Igual puedo también contestar con una respuesta diferente, por ejemplo: GRIS.
Si lo hago, estoy debatiendo el origen de la cuestión, pero al mismo tiempo propongo otra tesis. Mientras que si no contesto admito implícitamente tu autoridad, aunque no comparta.

Quizás, he interpretado mal la pregunta: no preguntas sobre mí sino sobre tí. No quieres saber que color me gusta a mí sino el color que yo creo que tú deberías elegir. Con ello me estás pidiendo un juicio de valor, no sobre mis gustos, sino sobre los tuyos.

En fin, aparte del blanco, y el negro, y los diversos tonos de gris, hay muchos más colores. Colores primarios como el verde, el azul o el rojo. Colores con matices, como el azul marino o el amarillo limón. Y en un alarde de fantasía poética, podría decir incluso que el color que más me gusta es el color del viento.

Porque sí, quizás esa sería mi respuesta. Prefiero el color del viento. Porque, contestando a la gallega, ¿sabes tú cual es el color del viento?.

Malos tiempos para la lírica

Debe haber forma de salir de aqui,
- dijo el Bufón al Ladrón -
Hay demasiada confusión,
No consigo ningún respiro.
Mercaderes, se beben mi vino,
Labriegos socavan mi tierra,
Ninguno de ellos sabe
Lo que realmente vale la pena.

No hay razón para alborotarse,
-Habló amablemente el Ladrón-
Hay muchos entre nosotros que piensan
Que la vida no es más que una broma.
Pero tú y yo, ya hemos pasado por eso,
Y este no es nuestro destino,
Así que no seamos hipócritas,
Se está haciendo tarde.

Desde la Atalaya,
La Princesa vigilaba
Mientras las mujeres iban y venían,
Y los lacayos, también.

Fuera en la lejanía un gato montés gruñó,
Dos jinetes se acercaban,
El viento empezó a aullar.


Desde la Atalaya, Bob Dylan, 1967 



Hace frio, mucho frio. No eso que dicen los meteorólogos de "sensación térmica" sino un frio que pela. A lo lejos, Jimi, el siempre joven, refrasea la vieja canción subversiva. El bufón y el ladrón. Dos personajes universales que llenan las pantallas.


El mes pasado, murió mi primo Javi. Javi tenía mi misma edad, sólo un par de meses menos. Revoltoso y vivelavida, hizo lo que le dió la gana y lo que le aguantó el cuerpo. Ya estuvo a punto de morir varias veces antes, una vez cuando salió despedido por un accidente de un todoterreno que se había comprado y con el que fardaba de ir por el campo haciendo el bestia. La otra cuando se cayó por el hueco de un ascensor de un edificio en obras. Se endeudó hasta los dientes, rehipotecó su casa una y otra vez, y esa es la herencia que ha dejado a su viuda y sus hijas. Hizo lo que quiso, pero, ¿le podemos criticar por eso, visto cómo está el panorama?.


Enciendes la tele y te tragas media hora de economía barata de nuestros actuales dirigentes, esos que han venido para terminar el trabajo que empezaron los anteriores. "Apretarse el cinturón", "ajustes y recortes", "nos hemos gastado lo que no teníamos, y ahora hay que devolverlo". ¿Cómo que no lo teníamos?. Claro que lo teníamos. Lo teníamos porque ustedes los políticos nos lo prometieron y los banqueros nos lo dieron. Perdón quise decir ustedes los bufones nos lo prometieron y los ladrones nos lo dieron. ¿O era al revés?. 

Ahora al timo de la estampita lo llaman "economía".

Bueno, para relajarnos tenemos además las noticias de justicia, que han desplazado claramente al fútbol y los toros del escenario. Jueces juzgando a jueces que recusan a sus jueces. Juicios por unos trajes que nos cuestan a los españoles diez veces más caro que lo que valían los puñeteros trajes, y todo para descubrir lo que ya sabíamos: lo mal que huele toda la clase política. Juicios que airean las desgracias ajenas como si los pobres no tuviesen ya bastante con lo suyo, y además son objeto de mercadería y compraventa, a tanto la noticia, a cuanto el rumor, a tanto la exclusiva.

Entre todos hemos montado este espectáculo de la justicia que nos está consumiendo esos dineros que luego faltan para otras cosas más básicas como la sanidad y la educación, pero, ¿y lo que nos divertimos?.

Dices tú de lírica, ¿no te parece que ya tienes bastante lírica?.

El caso Juan Español (I: primeros años)

Juan Español nace en Madrid, mediados los 50, en el seno de una familia trabajadora. Su padre, segundo de doce hermanos, ha tenido que emigrar del pueblo y se ha venido a Madrid, sin estudios más que de una escuela que tuvo que abandonar a los 8 años para cuidar ovejas y cerdos, uno de los múltiples trabajos de campo que haría.

Así que Juan, desde pequeño, sabe lo que es ver a su padre trabajar y trabajar, para labrarse un futuro, para él y para su familia. Afortunadamente, aunque su padre trabaja de lunes a sábado, su madre no, por lo que está bien atendido, él y sus dos hermanos menores, Pedro y Mercedes. Junto con su abuela y tíos, viven en un piso de 70 metros, un poco amontonados, pero felices.

María, en cambio, coetánea de Juan, nace en el seno de una familia acomodada. Fué la tercera de siete hermanos. Su padre, militar, hijo y nieto de militares, participó en la guerra, en la que ascendió rápidamente. Así que, desde que ella recuerda, a su madre siempre le ayudaron en casa, o bien una "chacha" y una cocinera, o, en la época en la que la familia tenía que vivir en cuarteles, los propios soldaditos de reemplazo hacían las labores de la casa.

Lo malo era que a su padre le cambiaban de destino cada pocos años. Así que, junto con sus seis hermanos, toda la familia tenía que recoger los bártulos y hacer mudanza, en ocasiones incluso al extranjero. Con el tiempo, el militar Francisco y su esposa Dolores se cansaron de acarrear familia y fueron dejando poco a poco a sus hijos en internados, ellos militares, ellas de monjas.

Quien más, quien menos, todos los hijos del militar sacaron carrera. Bien es cierto que algunos de ellos con más dificultades que otros, sobre todo "los del medio" pues eran los que más tiempo pasaron en internados, y esa experiencia parece que no les ayudó demasiado a forjarse un carácter estable y menesteroso.

En cambio, Juan, y por expreso deseo de su padre, que siempre quiso estudiar pero no pudo, entró en la universidad, en una difícil carrera de ingeniería. Su hermano y hermana pequeños no tuvieron tanta suerte. Pedro, cuando acabó el bachillerato, fué llevado al taller de su padre, con el destino declarado de asumir con el tiempo el negocio familiar. Mercedes terminó estudiando una Maestría que le permitió al poco tiempo encontrar un trabajo.

Los primeros años de carrera de Juan no fueron fáciles, pero su capacidad de trabajo y mediana inteligencia le permitieron superar sin agobios curso tras curso hasta el final. Habiendo pedido prórroga por estudios, el año que terminó la carrera entró en sorteo de los quintos y en tierras castellanas cumplió su deber militar.

Juan y María se encontraron por casualidad en una fiesta universitaria, allá por finales de los 70, donde él hacía de pinchadiscos. Entonces empezó una relación que se haría más fuerte en la época en que Juan, terminada su carrera, esperaba su incorporación a filas.

Button, Webber, y Alonso

El pasado domingo, en Interlagos, Brasil, Vettel se proclamó campeón del Mundo. La victoria de Vettel no es noticia: simplemente es el mejor piloto con el mejor coche.

Fernando Alonso, en cambio, partía en la tercera posición del mundial, con posibilidades de alcanzar la segunda posición. Button defendía esa segunda posición, mientras que Webber a su vez, cuarto, aspiraba a alcanzar los puntos suficientes para rebasar a Alonso y quedar tercero.

Durante la carrera, pareció que Alonso podía vencer a Button, de hecho fué por delante de él gran parte del recorrido, pero al final Button le adelantó. Por su parte, Webber, que estaba segundo en la carrera, recibió el favor de su compañero de equipo, Vettel, quien se dejó adelantar para que Webber quedase primero en la carrera y tercero en el mundial.

Al final, todo el mundo alaba a Alonso, a su calidad como piloto, a su fuerza y a su pundonor, pero al final, los que se llevan los premios son otros. Está claro que Alonso no tiene ni el mejor equipo ni el mejor coche, de modo que por muy buen piloto que sea, esa desventaja es definitiva en la victoria final.

Todo este rollo viene a cuento de un artículo que leí ayer de Francisco Alcaide: "10 rasgos que distinguen a los ganadores". En esos maravillosos consejos de "coaching": foco, compromiso, aprendizaje, paciencia, resistencia, etc., que parece que llevados a cabo deberían llevar a la victoria, sin embargo, echo de menos uno que me parece mas importante que todos los demás: la suerte. En el caso de Vettel y Webber, la suerte de tener el mejor coche. No creo que sean ellos tan listos como para haber elegido Red Bull sabiendo que en ese equipo había un coche tan bueno que les iba a permitir tener una ventaja de más de medio segundo por vuelta durante todo el campeonato. Simplemente, han tenido la suerte de correr en este equipo este año.
Desde luego, siempre es posible cagarla. Así, Hamilton, a pesar de tener el mismo coche que Button, y mejor que el de Alonso, se las ha apañado para darse de golpes con todo el mundo, y acabar por detrás de Alonso.

Es verdad que lo que ha hecho Alonso tiene mucho mérito, y todo el mundo le admira. Es verdad, pero a pesar de haber hecho todos los deberes, luego los premios y los laureles se los llevan otros.

En definitiva, si quieres tener éxito en la vida, debes de tener foco, compromiso, aprendizaje, paciencia, resistencia, en definitiva, tienes que ser el mejor. Pero además, asegúrate de tener suerte.

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